Después de los insultos y el maltrato generalizado que la mayor parte del gobierno ha dedicado en los últimos meses al cine español, acusando de defraudadores a la mayoría de actores y asegurando que si la gente no va al cine es porque las películas producidas en nuestro país no tienen calidad (qué fácil obviar el daño que ha hecho un IVA del 21% o que el precio de las entradas se haya convertido en prohibitivo para la mayoría de familias españolas), me alegro profundamente del éxito descomunal y bastante inesperado de una comedia como "Ocho apellidos vascos". Si los franceses fueron en masa a los cines para reirse con las diferencias culturales entre norte y sur en "Bienvenidos al Norte" y los italianos hicieron lo propio con su particular remake, "Bienvenidos al sur", ¿por qué los españoles no ibamos a pasar un buen rato riéndonos de los tópicos patrios? Esos que aseguran que los andaluces son más vagos que la chaqueta de un guarda, que los madrileños son más chulos que un ocho, los catalanes bastante ratas y los vascos más brutos que un arado.
Yo no digo que no haya algo de razón en todos los tópicos, pero tomárselos demasiado en serio y pretender definir a los habitantes de ciertos territorios en función de un pensamiento bastante estrecho y limitado puede ser muy peligroso. A 6,5 millones de espectadores le han seducido los chascarrillos interpretados por el andaluz Dani Rovira y la "vasca" Clara Lago (la actriz realmente es madrileña), secundados por Karra Elejalde y la grandisima Carmen Machi, lo cual es una buena noticia para el cine español, pero por desgracia también hay energúmenos que se creen a pies juntillas que todos los vascos son abertxales y miran por encima del hombro todo lo que huela a "español", o que todos los andaluces son unos vagos que esperan que les ingresen la pertinente subvención mientras se toman un vermut en algún chiringuito playero. Y así podríamos seguir con cada una de las regiones españoles, para regocijo de los intransigentes que no ven más allá del límite de su pueblo o comunidad.
Decía que los tópicos a veces son peligrosos porque, según quien los emplee, pueden ser fuente de racismo, xenofobía y de las expresiones más violentas de estupidez humana. Una de las cosas que más me llamó la atención cuando viví en Italia fue la brecha entre norte y sur, no ya únicamente una cuestión de mayor o menor riqueza o desarrollo, sino un desprecio palpable de muchos habitantes de las regiones norteñas de Piamonte, Véneto o Lombardía -donde casualmente campa a sus anchas la Liga Norte- hacia sus paisanos del sur, esos que dejan su Puglia, Campania o Sicilia natal en busca de mayores oportunidades laborales o vitales en el norte. Nunca dejará de producirme cierto miedo y estupor que en Milán o Verona a una extranjera como yo la traten mejor que a un italiano procedente de Bari, Napolés o Lecce. Pero si lo analizamos fríamente, en España muchas veces tratamos mejor a los que vienen de fuera que a los propios españoles que han nacido en determinados territorios -que varían en función de dónde nos encontremos o del viento político del momento-. Y otra cosa que no deja de chocarme es que cuando uno vive fuera las diferencias autonómicas se diluyen bastante, como comprobé cuando pasé un año de Erasmus. Será cosa de magia o que no hay nada como ver las situaciones con cierta distancia para relajar determinadas creencias.
Se
acercan las elecciones europeas y muchos partidos de medio continente
han decidido ganar votantes a base de utilizar de forma vergonzosa
tópicos que deberían estar superados en democracia, pero que parece que
cada día tienen más vigencia. "Que si los del sur de Europa son unos
vagos; que si los búlgaros y rumanos han urdido un diabólico plan para
colapsar los servicios sociales de Alemania o Reino Unido; que si Europa
nos roba..." Lindezas que escuchamos todos los días de boca de
políticos que viven muy cómodos en Bruselas, y que luego se llevan las
manos a la cabeza cuando un grupo de parados griegos linchan a un grupo
de inmigrantes ilegales, o cuando Merkel anuncia que va a expulsar a los
inmigrantes comunitarios que no encuentren trabajo en varios meses.
Vamos, que tiran la piedra, esconden la mano y le echan la culpa a las
víctimas de la crisis.
A mí, mientras no me demuestren lo contrario, me parece que no hay como la cultura -leer, ver buenas películas- y salir de vez en cuando de casa a contemplar otros paisajes para darse cuenta de que, por encima de supuestas diferencias culturales, todos aspiramos a lo mismo: enamorarnos, tener un buen trabajo, salud...en definitiva, que todos los quesitos del tetris de nuestra vida estén llenos (o al menos los más importantes). A los más intolerantes y a todos áquellos que jamás se han planteado que las personas suelen estar por encima de los tópicos les "condenaría" a ver mundo y a probar a caminar un día con los zapatos de otro. También, como han demostrado los Apellidos Vascos, el humor es un arma infalible para restar importancia a diferencias que, la mayor parte de las veces, son más apariencia que realidad.
Y ahora os dejo con algo de vocabulario a dos lenguas:
- Intolerance / Intolleranza, intransigenza - Intolerancia
- Stupid thing, Nonsense / Stupidaggine - Estupidez, tontería
- Prejudice / Pregiudizio - Prejuicio
- Stereotype, cliché / Stereotipo - Estereotipo, lugar común
- "Don´t criticize what you don`t understand, son. You never walked in that man's shoes". "No critiques lo que no entiendes porque nunca has caminado en los zapatos de ese hombre".
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