miércoles, 7 de mayo de 2014

DONDE DIJE DIGO, DIGO DIEGO

Hace unos días leía en un periódico las declaraciones de Nigel Farade, el líder del UKIP (Partido por la Independencia del Reino Unido), y me dio por pensar en un denominador común de gran parte de la gente que ostenta cargos públicos: la incoherencia. 

El susodicho ha presentado una campaña al Parlamento Europeo en la que incluye lemas como "25 millones de europeos buscan trabajo. ¿Y el trabajo de quién están buscando?", en clara alusión a los miles de inmigrantes europeos que se marchan al Reino Unido en busca de un empleo (y de paso tal vez un futuro mejor) y que, según el UKIP, son unos parásitos que van a chuparle la sangre a los ingleses. Lo chocante del asunto no es que Farade lance un discurso xenófobo, puesto que el objetivo de su partido es que los británicos abandonen una Unión Europea que, según ellos, les está expoliando (¡no sé por qué esté discurso me suena familiar!), sino que un señor que se declara enemigo de todos los inmigrantes -europeos o no- haya colocado a su mujer -alemana para más señas- en el puesto de secretaria personal. Y lejos de admitir su doble moral, Farade se defiende diciendo que es la única dispuesta a seguirle haya donde quiera que vaya. Vamos, que ahora resulta que Aznar, Felipe González o Rodríguez Zapatero tuvieron que colocar como secretarias personales a sus respectivas esposas ante la imposibilidad de contratar a alguien con disponibilidad total.

Lo de Farade es solo uno de los muchos ejemplos de incoherencia, doble moral o hipocresía que uno puede leer o escuchar cada día. Para el recuerdo quedarán las declaraciones de Gerardo Díaz Ferrán en su etapa de presidente de la CEOE pidiendo moderación salarial. No resultarían tan vergonzosas si este señor no estuviera en la cárcel acusado de haber troceado sus empresas para evitar pagar las millonarias deudas que Marsans tenía (y sigue teniendo) con proveedores y trabajadores. De esta forma, él quedaba como insolvente mientras su familia seguía viviendo a todo trapo en una fabulosa casa situada en El Viso. Parecidas lindezas han salido de la boca de otros presidentes de asociaciones empresariales, que no dejan de denigrar a los trabajadores y a los parados mientras se hacen de oro a costa de subvenciones y demás ayudas a las contrataciones...que nunca hacen.

Reconozco que uno de los ejemplos de incoherencia entre palabra y obra que más me molesta tiene que ver con la Iglesia. Quitando la infatigable labor de Cáritas y otras asociaciones sin ánimo de lucho para evitar que los niveles de pobreza sean insostenibles, me irritan profundamente los comportamientos ostentosos y sectarios de tantos obispos y cardenales. Por un lado hablan de consolar al pobre y de abrir la Iglesia a todos, pero por otro no renuncian a sus pisos de lujo -como el mega apartamento de 700 metros cuadrados que el cardenal Tarcisio Bertone ha adquirido en pleno centro de Roma- ni dejan de hacer declaraciones en contra de los homosexuales o las mujeres. La última ha sido la de un párroco de Canena que, en mitad de una Comunión, no tuvo nada mejor que decir que "antes los hombres pegaban a sus mujeres, pero no las mataban porque había principios cristianos", y para disculparse por semejante metedura de pata añadió: "hablaba de un mal menor, siempre es mejor pegar que matar". A veces pienso que a determinadas personas les encantaría volver a los tiempos de "Los Santos Inocentes" y poder emular al cruel terrateniente que bordó Juan Diego. El resto de la humanidad serían, claro está, los nuevos Paco Rabal, Alfredo Landa o Terele Pávez.

Para que nadie se llame a engaño, diré que obviamente yo también he caído en alguna incoherencia a lo largo de mi vida, pero me ha afectado solo a mí o a un círculo reducido. Lo que sí me parece digno de destacar es cuando esa incoherencia afecta a la vida de todos, como cuando el gobierno dijo que no iba a subir los impuestos y resulta que en dos años ha incrementado 51 tipos impositivos. Ese "donde dije digo, digo diego" sí que tiene un impacto en los bolsillos de todos los ciudadanos. También lo tiene el comportamiento de determinados partidos nacionalistas, que no dudan en aprovechar la mínima oportunidad para insultar al resto de españoles, a la vez que no dejan escapar tampoco la ocasión para pedirle al gobierno central que les ayuden a afrontar los pagos más inminentes o una mejora en el sistema de financiación autonómica. Como diría mi madre, "en misa y repicando no se puede estar", así que lo más coherente sería que esos políticos decidieran si quieren ser españoles para todo o para nada. 

Por último, hay un tipo de incoherencia que sí me despierta una sonrisa. Es la que tiene que ver con la belleza natural. No dejo de echarme unas risas cada vez que alguna famosa de esas que tienen 50 pero aparentan 30 se definen como "abanderadas de la mujer real". No me parece mal que la gente se someta a operaciones de estética, y más teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad desquiciada donde -y principalmente a las mujeres- se exige belleza y juventud eterna, pero no estaría de más que fuéramos menos hipócritas con este tema. Tal vez si yo fuera Nicole Kidman o Catherine Zeta Jones y la única forma de seguir haciendo películas pasara por aparentar menos edad, me sometería a tratamientos de bótox, pero al menos que no engañen al resto de los mortales diciendo que su secreto reside en "ser felices por dentro" o "comer pasta" (Sofia Loren dixit). Uno puede ser muy feliz con su vida, pero los michelines no se marchan por mucho que nos pasemos el día sonriendo.

Sería sano y deseable que muchos políticos o personas con cargos importantes se pensaran muy mucho lo que van a decir antes de abrir la boca, no vaya a ser que sus palabras les persigan el resto de su carrera. Para conseguir ese objetivo tal vez puedan interiorizar una frase que me parece absolutamente reveladora: "Prefiero ser rehén de mis silencios, a esclavo de mis palabras". 

  • Incoherent / Incoerente - Incoherente
  • Hipocrite / Ipocrita - Hipócrita
  • "Knowledge speaks, wisdom listens". "El conocimiento habla y la sabiduría escucha". 
  • "He who laughs last, laughs best". "Ride bene chi ride ultimo". - Quien ríe último, ríe mejor.



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