viernes, 7 de agosto de 2020

SELECTIVIDAD EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

Hace varias semanas motivos laborales me llevaron a estar presente en los exámenes de la EVAU, esas pruebas que para los de mi generación serán siempre conocidas como Selectividad. Como creo que a pocos se les escapará en estos tiempos de pandemia, no fueron unas pruebas celebradas en condiciones "normales", ya que en febrero casi nadie habría imaginado enfrentarse a un examen de Historia, Matemáticas o Lengua Extranjera en un aula al 33% de capacidad, con la boca y nariz tapada con una mascarilla y sin poder festejar después en el campus el final de tan temidos exámenes.



Serán cosas de la edad, pero como últimamente mi cabeza anda en plan nostálgico revisitando mi infancia y juventud, me bastó ver a esos grupos de jóvenes con sus apuntes, sus caras de "Dios, que esto pase pronto" y sus selfies en tiempos de mascarilla, para que mi imaginación retrocediera más de 20 años a ese junio en el que era yo la que se jugaba en 3 días el acceso a la Universidad. La verdad es que después de tanto tiempo no recuerdo qué me preguntaron, ni si me temblaban las manos o me dolía el estómago de los nervios, lo que no se me olvidará nunca es que en el primer examen, el de Mates, me quedé en blanco con las derivadas y no me marché antes de tiempo por vergüenza, y que después sentí tal presión por no suspender que casi rocé el 10 en el de Historia. Ahí creo que me dí cuenta de que, sea por orgullo, desesperación o vete tú a saber, en momentos malos soy capaz de defenderme. Cierto es que después de selectividad he hecho decenas de exámenes de todo tipo (test, orales, en italiano, en inglés), pero esa angustia, esa sensación de "te lo juegas todo", esa pesada carga por no querer decepcionarte a ti mismo ni a los que confían en ti solo la he sentido en su potencia máxima el día que me presenté a una oposición, pero esa es otra historia.


Volviendo a esos jóvenes que se presentaban a la EVAU después de haber estado confinados varios meses en casa y siguiendo las clases online (con las dificultades que cada uno haya afrontado), me dio por pensar si es más fácil o más difícil estudiar ahora, si esa presunta relajación de temarios y criterios para pasar al siguiente curso, o la rebaja de la nota mínima para acceder a becas y demás ayudas es real y un ejemplo de "los jóvenes son cada día más flojos", o no es más que una cortina de humo para tapar que en este país es cada vez más complicado labrarse un futuro mínimamente digno.



¿Cuánto dinero invierte cada año el Estado en formar universitarios que acabarán engrosando la plantilla de hospitales británicos o empresas en Alemania o Estados Unidos? ¿Es aceptable que desde pequeños se exija a los críos hablar inglés, saber robótica o tener habilidades sociales e inteligencia emocional si luego salen de la carrera (o del Máster) directos al desempleo o a encadenar trabajos precarios durante años? ¿De verdad alguien piensa que un país con un 40% de desempleo juvenil puede sostener a medio-largo plazo un sistema público de pensiones? Y eso por no hablar de que en muchas ocasiones se presenta  en los medios a los jóvenes como una generación de vagos y parásitos, cuando esos propios medios son los que día y noche bombardean con programas donde verdaderos descerebrados (no solo jóvenes) presumen sin pudor del pastizal que han ganado por acostarse/pelearse/reconciliarse... en el reality de turno. Difícil me parece como madre convencer a un hijo adolescente de la importancia de estudiar y prepararse, con semejantes ejemplos mires donde mires. Aún así, por mí no quedará nunca inculcar a mi peque que sin esfuerzo poco se consigue en la vida.

España lidera el abandono escolar temprano en Europa con su mejor dato |  Sociedad | EL PAÍS
Tasa de abandono escolar en la UE. elpais.com

Cierto que las cosas no se ven igual con la experiencia (o los trompazos, decepciones...), y que lo que a los 18 se concibe como una tragedia (pongamosle no conseguir la nota necesaria para estudiar lo que quieres) con el tiempo a veces se revela como una oportunidad para probar otros caminos. Aunque parezca difícil de entender a esa edad, que después de la universidad las cosas no discurran en tu vida laboral como lo habías planificado, que pases por momentos de frustración, que te indigne el nepotismo o que te produzca pánico ir a la enésima entrevista de trabajo no implica necesariamente que no vayas a realizarte nunca, ni a tener un trabajo que te guste. Al final la vida es un camino, cierto que para algunos discurre casi sin sobresaltos (por cuestiones de suerte, por tener una mente privilegiada, por la red de contactos..) y para otros se hace más abrupto y complicado, pero todas las vivencias enseñan.

En resumen, contemplando a esas decenas de estudiantes durante 4 días llegué a la conclusión de que a los 18 todo el mundo debería tener sueños, creer que se va a comer el mundo, que se convertirá en un gran inventor o en el descubridor de la vacuna contra el coronavirus. Y que es responsabilidad de todos, empezando por los que gobiernan, crear las condiciones para que los adolescentes consideren que merece la pena estudiar, esforzarse. Como país no nos podemos permitir (y se está viendo claramente en los indicadores económicos o en las "colas del hambre") que una gran mayoría de jóvenes abandonen los estudios porque hayan interiorizado que sale más rentable un trabajo sin cualificar en la construcción o la hostelería que invertir en prepararse. O que un gran porcentaje sueñe con ser el próximo fichaje de algún reality y entrar en la nómina de "experto tertuliano" de alguna cadena de televisión. 
Sech - Soñando Despierto [Audio Oficial] - YouTube

Soñar es gratis, y creo que necesario para tener una vida interior plena. Sean los grandes (y a veces quijotescos) proyectos de la juventud, o planes o motivaciones más realistas y apegadas a lo terrenal, todos deberíamos entender que los sueños no son patrimonio de una determinada edad. Mientras esos estudiantes soñaban con acabar la EBAU y poder ir (o no) a la Universidad, yo pensaba en mis propios sueños. Igual tienen más arrugas pero, como escribió el gran Calderón de la Barca: "la vida es sueño y los sueños, sueños son".


1 comentario:

  1. En este país no tenemos cultura de estudio, sacrificio y sacar cosas con nuestro esfuerzo personal....
    Se fomenta el ser famoso y ganar dinero fácil haciendo tonterías.. por eso nos ha afectado tanto el COVID-19.... porque no tenemos un país que viva de nuestras industrias e ingenio....

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