martes, 24 de junio de 2014

NI HÉROES NI VILLANOS

La Selección Española de Fútbol ha abandonado el Mundial de Brasil a las primeras de cambio y dando una imagen que ni los más agoreros podrían haber previsto. Yo (que en su momento fui una forofa del fútbol que no se perdía un partido del Madrid ni un programa deportivo que analizara lo ocurrido en la Liga) creía que llegaríamos al menos a cuartos, como hacíamos antes de convertirnos en una potencia mundial, por lo que la temprana eliminación me ha llevado a reflexionar sobre el significado de la victoria y la derrota y cómo se viven en España.

Vicente del Bosque, que me parece un señor con algo más que dos dedos de frente, decía antes del partido contra Chile "ni somos salvadores de la patria, ni pisoteamos la bandera". Una buena manera, en mi opinión, de dar a entender que los futbolistas se limitan a hacer su trabajo lo mejor que pueden y que el fútbol, por mucho que sea "la cosa más importante dentro de las cosas menos importantes" (Arrigo Sacchi, ex entrenador del Milan, dixit), ni salva vidas ni saca a un país de la crisis, aunque alguna alegría colectiva proporcione. Todo esto viene un poco a cuento porque la mayoría de los que hace 4 años pusieron banderas en sus terrazas y salieron a celebrar el triunfo de la Selección por las calles de toda España, ahora piden a gritos que se guillotine a los jugadores de la Roja en una plaza pública. Lo más parecido a estar en las buenas, y en las malas que cada cual se las ventile como pueda.

Siempre he oído decir que somos un país de envidiosos, donde al que se le ocurre triunfar y presumir de ello se le crucifica. Creo que con lo ocurrido en la última semana también deberíamos decir que somos un país de desmemoriados, donde al primer tropiezo se nos olvida lo bueno vivido, los éxitos conseguidos. No solo me refiero a la Selección que, aunque ahora haya pasado a ser casi el enemigo público número 1, desde hace 6 años no ha hecho más que dar alegrías a los amantes del fútbol, en particular, y del deporte, en general. Por desgracia no nos pasa solo con los deportistas, también tendemos a ser los primeros en criticar a los españoles que triunfan fuera de casa, paseando con garbo y salero el nombre de España en sitios donde no saben ni situarnos en el mapa. Javier Bardem, Penélope Cruz, Pedro Almódovar, Pau Gasol, el doctor Valentín Fuster, Elena Ochoa, el diseñador Custo Barcelona, la abogada Miriam González (esposa del vicepriministro inglés Nick Clegg)...son algunos de los muchos españoles que se han hecho un nombre no solo entre nuestras fronteras, sino que fuera gozan de un respeto y reconocimiento que, en muchas ocasiones, les negamos dentro, sea por la consabida envidia o porque en nuestra cultura está muy mal visto presumir de lo conseguido. ¡Mejor parecer un mediocre, no vaya a ser que nuestros amigos y conocidos nos tachen de soberbios!
Personalmente me da mucha pena cuando somos los primeros en destacar los defectos de los nuestros y ponerlos en la picota, como estos días se hace con los actuales campeones del mundo y de Europa de fútbol y en otras ocasiones se ha hecho con muchos otros. En vez de entender que el éxito y el fracaso son cíclicos y dependen de variados factores, ensalzamos hasta la extenuación a "nuestros héroes" para dejarlos caer en el abismo más absoluto a la primera dificultad. Pedro Almódovar, Penélope Cruz y Javier Bardem ganan sendos oscar y se atreven a hacer parte de su discurso en español, pero aquí solo importa si van a manifestaciones en defensa del cine o del Sáhara o si muestran de forma pública el rostro de sus hijos. La Selección pierde (cierto que de una forma inesperada y precipitada) y los periódicos se tiran a la yugular de Del Bosque y de los jugadores, en vez de darles las gracias por los servicios prestados y entender que mantenerse en la cima es una tarea complicadísima. Hoy están abajo, pero mañana se levantarán y volverán a demostrar que tan equivocado es considerarlos héroes como tacharlos de villanos.
Siempre he pensado que lo más inteligente es relativizar tanto la victoria como la derrota, puesto que la vida es bastante parecida a una tortilla, hoy te toca estar arriba y, sin saber muchas veces por qué, al día siguiente estar achicharrándote de cara a la sartén. Y, sinceramente, creo que las personas valemos tanto cuando nos va bien como cuando nos va mal, puesto que en circunstancias complicadas la mayoría reflexiona sobre los errores cometidos o actuaciones que le han llevado a esa situación y saca conclusiones que le valdrán para el futuro. Si para los chinos crisis significa oportunidad, también para nosotros puede ser un momento de poner en valor otros talentos que, tal vez, desconocíamos que poseíamos. En el caso concreto de nuestros futbolistas, seguro que son los primeros interesados en aprender del batacazo y volver a demostrar su valía profesional, puesto que al fin y al cabo en la derrota (en la victoria todos somos amigos) muchos se acuerdan de forma despectiva de ellos y de sus pobres madres.

Al final, como dice un sabio refrán, "quien ríe último, ríe mejor". 


  • Netherlands trounces Spain 5-1 / Olanda schiaccia la Spagna 5-1 - Holanda aplasta/da una paliza a España 5-1.
  • "You can't win them all"- No puedes ganártelos a todos 
  • "At the game's end we shall see who gains" - "Al final del juego veremos quién gana" 
  • Victory, Draw, Defeat / Vittoria, Pareggio, Sconfitta - Victoria, empate, derrota 

lunes, 9 de junio de 2014

¿NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA?


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Llevo varios días sumergida en la lectura de "Dime quién soy", de Julia Navarro, un magnífico fresco de lo que pasó en Europa entre 1936 y la caída del Muro de Berlín y una oportunidad de adentrarse en los horrores de los totalitarismos. En un momento de la novela uno de los personajes asegura que no comulga con ninguno de los ismos (fascismo, socialismo, comunismo...) porque al final todos acaban siendo igual de perniciosos. Y razón no le falta, viendo lo que pasó tanto en la España franquista, como en la Alemania nazi o la Unión Soviética de Stalin, 3 países gobernados por distintos perros pero que, al final, resultaron tener el mismo collar.

El libro me ha hecho pensar en toda la gente que una vez creyó a pies juntillas en una idea (pongámosle el comunismo, que pretendía acabar con las clases sociales y transformar la sociedad en un paraíso de igualdad) y se dio de bruces contra una amarga realidad, y en que lo que ha pasado con la crisis económica actual y el concepto de capitalismo no difiere tanto de lo que pasó hace décadas en Europa. Millones de personas han despertado de golpe en los últimos 5 años a una realidad desoladora. Resulta que el capitalismo, ese que parecía ir indisolublemente unido a la democracia y a la sociedad del bienestar, se ha revelado como una máquina implacable capaz de generar cada día más pobreza y desigualdad, al menos en nuestro país. Porque por mucho que los políticos españoles se empeñen en hablar de recuperación, cientos de miles de personas se han quedado descolgadas y tardarán años en recuperar el nivel económico que tenían antes de la crisis (o puede que no lo logren nunca). 

Ahora que he empezado a trabajar en una zona de alto nivel adquisitivo, donde proliferan tiendas como El Ganso, Michael Kors, Dolores Promesas o Carolina Herrera y el 90% de los niños van a colegios privados bilingües, me produce un shock mayor saber que el Defensor del Pueblo ha pedido a las comunidades autónomas que dejen los colegios públicos abiertos durante el verano para que los miles de niños que disfrutan de una beca comedor (y que en muchos casos viven en la pobreza y van al colegio sin haber cenado y desayunado) puedan al menos realizar una comida al día. Vergüenza les debería dar a los que mandan que día sí y día también diferentes informes alerten sobre el aumento de la pobreza infantil en España y sobre el abismo cada vez mayor entre ricos y pobres. Claro que es probable que les suene a chino porque ellos están lejos de esas realidades, viviendo en barrios ricos y llevando a sus hijos a carísimos colegios privados... mientras recortan en educación pública.

Volviendo a los totalitarismos, lo que parecen tener todos en común es que auparon a una minoría a costa de destruir la vida de millones de personas, a las que sometieron a condiciones brutales de vida y condenaron al silencio y al miedo. Algunos dirán que no todo fue malo, y estoy de acuerdo. Con Stalin, Hitler, Franco o Mussolini algunos se hicieron millonarios a costa de hacerles la ola a estos individuos y de explotar al resto del pueblo. Leía el otro día en una revista de historia que algunos historiadores defienden que la persecución a los judíos en la Alemania nazi benefició a miles de alemanes, que vieron cómo sus negocios conseguían mayores beneficios a costa de quitarse de en medio a la competencia hebrea. Como dice el refrán "no hay mal que por bien no venga"...aunque en este caso el mal lo sufren muchos y el bien unos pocos privilegiados.

Mirándolo en perspectiva, lo triste es que ese refrán se podría aplicar a lo que pasa estos días. Algunos han hecho su agosto a costa de la crisis económica, beneficiándose de las bajadas brutales de salarios y de la necesidad de una amplia mayoría de trabajadores, dispuestos a dejar de lado sus derechos con tal de tener un trabajo mal pagado con el que poder hacer que sus hijos coman más de una vez al día.

En definitiva, dicen que a todo se le puede sacar el lado positivo...lo terrible es que ese lado solo lo saborean unos cuantos. El resto se conforman con verlo por televisión...si es que aún tienen el privilegio de tener una. 
  • "It's a recession when your neighbour loses his job, it's a depression when you lose your own". - Es una recesión cuando tu vecino pierde su trabajo; es una depresión cuando tú pierdes el tuyo
  • To tighten up the belt / Allacciarsi la cintura - Abrocharse el cinturón
  • Some people can't afford to pay the bills or to have three meals a day / Tante persone non si possono permettere di pagare le bollette o mangiare tre volte al giorno - Tanta gente no se puede permitir pagar las facturas o comer tres veces al día
  • Rise of Economic differencies between social classes / Aumento delle Differenze economiche fra classi sociali - Diferencias económicas entre clases sociales 
  • Repression and terror /Repressione e terrore - Represión y terror

lunes, 2 de junio de 2014

DE MALÉFICAS ELECCIONES Y LAS HADAS BUENAS DEL CUENTO

Pasada una semana desde la celebración de las Elecciones Europeas (y recién conocida la noticia de la abdicación del rey), lo que parece claro es que los próximos años van a ser de los más entretenidos en Europa (y de paso en nuestro país). Aunque haya gente que pase de la política y de los políticos, lo cierto es que las decisiones que se toman en el Parlamento Europeo y en la Comisión tienen una consecuencia directa en la vida de todos nosotros. Y la entrada de un buen número de partidos cuyo principal objetivo es dinamitar el "proceso europeo" no me resulta una realidad de lo más alentadora.

Pensaba el otro día en la ascensión en media Europa (en países ricos, donde los ciudadanos disfrutan de importantes prestaciones y de un nivel de vida que ya quisiéramos en estos momentos griegos o españoles) de partidos de ultraderecha, que no esconden su racismo ni xenofobia ni su enfado por todas esas decisiones que toma Bruselas y que se basan en la solidaridad supranacional. Lo primero que viene es la crítica feroz a sus votantes, la consideración de que son personas insolidarias, racistas y una especie de bruja mala del cuento, gente que deposita su confianza en Marine Le Pen, Nigel Farage, Geer Wilders o la Liga Norte. La realidad es siempre más compleja y tal vez habría que pararse a pensar por qué personas que antes confiaban en el gobierno comunitario ahora abogan por dejar la UE o, al menos, restituir las fronteras internas y recuperar competencias nacionales. 

En España la crisis (o la gestión que han hecho de ellas nuestros políticos) nos ha quitado el poco estado del bienestar del que gozábamos, acostumbrándonos a un panorama desolador en el que miles de ciudadanos confian más en Cáritas, Mensajeros por la Paz o Educo.org que en los servicios sociales oficiales. Quizás no hemos asistido a un estallido social ni los comportamientos racistas se han elevado a cuotas insoportables, pero si en privado preguntáramos a muchos españoles quién tiene más derecho a acceder a los servicios sociales o a un trabajo, si un nacional o un inmigrante, la mayoría respondería que el Estado tiene que preocuparse primero de las necesidades de sus ciudadanos. No hay más que ver que la decisión de dejar a los inmigrantes indocumentados sin asistencia sanitaria no ha generado escándalo social, solo ha inquietado a una pequeña parte de la población y al personal sanitario, que ha alertado del riesgo de un rebrote de enfermedades ya erradicadas como la tuberculosis o la malaria. 

Viéndolo desde este punto de vista, ni nosotros somos tan buenos ni los holandeses, ingleses, daneses, griegos o franceses que han votado a partidos xenófobos son, probablemente, tan malos. Aquí es muy común escuchar que las ayudas siempre van a los de fuera, mientras que los españoles se quedan sin becas comedor, ayudas al estudio u otras ayudas sociales. Yo no voy a entrar en si es cierto o no porque a ciencia cierta lo desconozco, pero este pensamiento es el que ha calado en otros países, que se han visto desbordados por la llegada de inmigrantes europeos y extracomunitarios que huían de la crisis. Probablemente si fuera británica, sueca o danesa me preocuparía mucho que miles de extranjeros llegaran a mi país con la esperanza de aprovecharse desde el primer día de prestaciones sociales que a mí me cuestan miles de euros en forma de impuestos. Y no pensaría que soy una racista o una radical, si no una ciudadana preocupada por el futuro de sus hijos, por las pensiones de sus padres y por el mantenimiento de un estado del bienestar que ha costado décadas conseguir.

El pasado viernes se estrenó la película "Maléfica", que cuenta la historia de la Bella Durmiente desde el punto de vista de la malvada y explica por qué un hada buena que vivía en un paraje idílico se convirtió en un ser terrible cuyo único objetivo era la venganza. Me parece muy interesante conocer una historia clásica desde otro punto de vista y desmitificar a los personajes: ni los buenos son tan inocentes, ni los malos son tan malos...o al menos no lo son sin motivo. Lo mismo diría del resultado de las elecciones europeas, ni los presuntos defensores de Europa son tan santos ni los partidos que no creen en la UE son tan absolutamente malvados. Sus razones tienen y cambiar esa percepción que tienen millones de votantes de que los eurodiputados viven ajenos a la realidad en su búrbuja de 8000 euros al mes es la tarea que espera a las instituciones europeas en los próximos 5 años.
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