Reconozco que me hubiera gustado que nos concedieran los Juegos Olímpicos de 2020, entre otras cosas porque me hacía ilusión llevar a mi pequeña a ver una competición deportiva. No ha podido ser y a muchos se nos ha quedado la misma cara que pondría alguien que lleva años preparando una oposición, ha hecho todos los test, ha seguido todos los consejos y recomendaciones de expertos y, el mismo día del examen, descubre con gran amargura que los puestos ya han sido designados a dedo. Si en 2016 la candidatura fue tan ingenua de pensar que no se cumpliría la regla no escrita de que los Juegos siempre cambian de continente, en 2020 ha perseverado pensando (de nuevo con gran inocencia) que los supuestos "valores" por los que tanto aboga el COI (unos señores privilegiados que posiblemente poco sepan de sacrificio y superación) acabarían venciendo a aquello que mueve el mundo: el DINERO. Porque lo que ha tumbado a Madrid no creo que tenga que ver con el nivel de inglés de Ana Botella, la falta de carisma de nuestros políticos o el dopaje, sino que se resume en que en nuestro proyecto olímpico no caían los billetes de 500 de los árboles o de la Caja Mágica. Creo sinceramente (y no sin cierta amargura) que para volver a contar en la escena internacional tenemos que presentar unas cifras macroeconómicas parecidas a las que nos llevaron a protagonizar ese ficticio "milagro español". No hay nada como una cartera llena para que los demás te tengan en cuenta, el presidente de Estados Unidos incluya tu número en su agenda o la UE se digne en colocar de nuevo a algún español en un puesto de responsabilidad. Como diría mi madre "el mejor amigo son siempre cinco duros en el bolsillo..."
La verdad es que la elección de Tokio me fastidia también por el futuro de los deportistas españoles, esos que se dejan la juventud para conseguir un sueño y no tienen muchas veces ni el material más mínimo para entrenar. Por lo demás, tras el "varapalo" del sábado prefiero quedarme con lo que me dijo una vez mi padre tras una amarga experiencia: "Hija, no hay mal que por bien no venga". Y tal vez bien pensado este "No" puede ser positivo para que los políticos y la sociedad en general nos centremos en lo que, según yo veo, es ahora mismo prioritario: sacar a este país de la crisis sin destrozar las pocas cosas buenas que aún nos quedan.
Hace unos días leía un artículo sobre la importancia que tiene para una sociedad la búsqueda de un objetivo común. El autor consideraba que la organización de unos Juegos siempre unen a la gente porque la obliga a mirar hacia adelante y luchar por una meta. Tal vez sea cierto pero creo que, con independencia de si te "premian" o no con la organización de competiciones deportivas, los españoles sí tenemos una meta común aunque a veces se nos olvide. Igual que cuando uno fracasa en algo después no deja de darle vueltas a lo que pudo hacer mal, como país tenemos que plantearnos qué hemos hecho mal para que en cuatro días la bonita casa que estábamos construyendo (y que era la envidia del vecindario) se haya derrumbado. Porque ya no es solo cuestión de que la macroeconomía mejore y se empiece a crear empleo para frenar la sangría de profesionales que se están marchando fuera o para que la gente no tenga que ir a mendigar a un programa de televisión comida o libros para sus hijos. El objetivo común es no repetir los errores, crear bases sólidas para que la búrbuja inmobiliaria no se repita nunca más y la gente pueda seguir disfrutando en el futuro de sanidad o educación, además de mejorar el funcionamiento de la justicia para que todos los "chorizos" y defraudadores entiendan que el dinero público sí tiene dueño y que robar se paga.
En mi opinión, como meta común no está mal y nos puede tener bien ocupados en los próximos años, aunque habrá más de uno que prefiera seguir dándole vueltas a lo pobrecitos que somos y a la tirria que nos tienen fuera. No digo que todo el mundo nos tenga simpatía, pero los únicos que podemos revertir esa situación somos nosotros, en nuestra mano está demostrar que la simpatía y el buen rollo que reinan por estas tierras no son sinónimos de falta de seriedad y diligencia. Que para ser un buen profesional no es necesario tener cara de estreñido crónico...
Yo he tomado la decisión de mirar hacia adelante, entre otras cosas porque me estaba empezando a afectar a la salud física y mental darle tantas vueltas al pasado, a si en aquel momento concreto tenía que haber tomado ese camino y no el otro. En vistas de que la memoria me ha jugado alguna mala pasada y no he llegado a ninguna conclusión porque hay cosas que no puedo cambiar, voy a centrar mis energías en ir día a día, que razones para levantarme por las mañanas (por suerte) no me faltan. Y si dudo y me da por volver a las andadas, entonces escucharé A new day has come, de Celine Dion, porque un nuevo día siempre llega, otra cosa es que nos demos cuenta.
Y ahora os dejo con algo de vocabulario a dos lenguas:
- Common goal / Obiettivo comune - Meta común
- "We've nothing to fear but fear itself" - "No tenemos nada que temer, excepto al miedo"
- Work in team / Lavoro in gruppo - Trabajo en equipo
- To struggle, To fight / Lottare - Luchar
- "A goal is a dream with a deadline" / "Uno scopo è un sogno con una data limite" - "Un objetivo no es más que un sueño con una fecha tope"
- To stumble and get up / Inciampare e alzarsi - Tropezar y levantarse
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