jueves, 19 de septiembre de 2013

HIJOS DE LA VIOLENCIA

Hace un par de meses, coincidiendo con la sentencia del caso Bretón, leí en Vanity Fair Italia un suceso igualmente escalofriante que me hizo plantearme lo lejos que aún están determinados jueces o sistemas judiciales de comprender que la violencia de género no significa únicamente el que un hombre maltrate a su pareja. Se trataba del asesinato de dos hermanos de 9 y 12 años a manos de su padre, incapaz de asumir que su mujer lo hubiera abandonado después de años de humillaciones y malos tratos. Sin duda, un ejemplo de vendetta llevaba al extremo, un episodio más de esos en los que un "individuo" elige destruir la vida de su ex pareja acabando con lo que ésta más quiere: sus hijos. 

Reconozco que desde que en mi vida hay una personita morena y revoltosa soy más sensible a todo lo que tiene que ver con la infancia, pero aún así mucha gente compartirá mi perplejidad ante sentencias de divorcio o separación que entregan la custodia (o permiten un régimen de visitas) a maltratadores obviando que, aunque un padre no le haya puesto la mano encima a su hijo, haberle obligado a vivir en un ambiente de terror ha convertido a este crío en una víctima más de la violencia. No entiendo que haya jueces, fiscales o abogados que no consideren una amenaza digna de tener en cuenta frases como "me llevo a los críos de vacaciones, pero te los devuelvo muertos", "quizás no pueda acabar contigo, pero te voy a dar donde más te duele"....y hagan informes favorables a señores capaces de patear la cabeza, amenazar con un hacha o intentar atropellar a su pareja o ex pareja. Ahora va a resultar que los hijos de las cientos de víctimas de violencia de género que hay en España o Italia (por poner solo dos ejemplos) son críos de lo más felices, ignorantes de que su papá es lo más parecido a un psicópata. Tal vez piense asi porque aún no he olvidado el día en que una de mis grandes amigas me contó como ella y sus hermanas se escondían debajo de la mesa cada vez que su padre habría la puerta, a pesar de que sabían que a la que arreaba el guantazo era a su madre, entre otras cosas porque era la que se interponía entre la furia de ese "señor" y ellas.

Cuando la violencia de género dejó de ser un problema doméstico y pasó a ser protagonista en telediarios y páginas de los periódicos (lo que sin duda ha contribuido a que se pueda empezar a buscar soluciones, a pesar de la dificultad que esto entraña), empecé a preguntarme por qué muchos hijos ya adultos no habían hecho nada para evitar que su padre maltratara durante décadas a su madre. Escuchando testimonios de esas víctimas colaterales, llegué a la conclusión de que ellos también fueron anulados por el maltratador con una de las armas más poderosas que existen: el miedo. Y me provocó entre vergüenza e indignación escuchar a algunos de esos hijos del maltrato relatar cómo en los años 60 o 70 acompañaron a sus madres a poner una denuncia al cuartel de la Guardia Civil y los propios agentes le respondieron a sus madres "que lo que tenían que hacer era volver a sus casas, que para eso se habían casado". La verdad es que a pocos sorprenderá que este tipo de situaciones se dieran hace años, lo vergonzoso es que aún hoy día haya polícias o jueces (cada día menos, por suerte) que pongan en duda los testimonios de muchas mujeres maltratadas. Y parece que cuanto mayor nivel económico tienen la víctima y el verdugo, mayores probabilidades de que la denuncia caiga en saco roto y el "sinvergüenza" quede impune. Son los privilegios que da el dinero o tener un círculo capaz de cualquier cosa con tal de tapar semejantes escándalos.

Porque otra de las cuestiones que siempre me ha llamado poderosamente la atención es la postura que suele adoptar la familia y el entorno más cercano del denunciado. Quitando casos excepcionales, incluso cuando el maltrato es algo obvio, hay informes médicos, psicológicos y policiales que así lo atestiguan, y los propios críos han sido testigos, muchos familiares del maltratador acosan y coaccionan a la víctima hasta conseguir que retire la denuncia. Tal vez los padres y hermanos de Bretón aleguen que el cuerpo de los niños nunca ha aparecido, lo que para ellos demuestra que es inocente y los niños están en poder de una tercera persona; pero en el caso de los dos hermanos italianos fue el propio padre el que prendió fuego a la casa con sus hijos dentro, como después confesó a la policía. ¿Es posible entonces que a los abuelos o tíos paternos se les ocurra tratar de exculpar a semejante asesino? Sé que en estos casos siempre habrá quien diga "el corazón tiene razones que no entiende la razón", pero yo solo sé que se me saltaron las lágrimas cuando leí la noticia.

Creo que si la protección a la infancia es una de las supuestas prioridades de la sociedad en la que vivimos, no me entra en la cabeza por qué un padre puede ser condenado a cárcel o alejamiento por darle un simple cachete a su hijo en un momento puntual, y en cambio progenitores con condenas por violencia de género o intento de asesinato a sus parejas o ex parejas pueden disfrutar de quince días de vacaciones en compañía de sus hijos. El día que nos entre en la cabeza que la mayor parte de los lobos se esconden dentro de pieles de cordero, tal vez casos como los de los niños de Córdoba no se repitan nunca más.

Y ahora os dejo con algo de vocabulario a dos lenguas:
  • Maltreat, Abuse / Maltrattare - Maltratar
  • Gender violence / Violenza contro le donne - Violencia de género
  • Crime / Delitto, Reato - Delito
  • Domestic abuse / Violenza domestica - Violencia doméstica
  • Joint custody / Affidamento, custodia condivisa - Custodia compartida
  • Violence against children / Violenza contro i bambini - Violencia contra los niños
  • Collateral damages / Danni collaterali - Daños colaterales

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