El método Stanislavsky defiende que la única forma de que un actor haga una interpretación creíble pasa porque viva la vida de su personaje y experimente sus emociones. Algo parecido a lo que hizo Daniel Day Lewis cuando interpretó a un parapléjico en Mi Pie Izquierdo, que consistió en pasarse todo el rodaje postrado en una silla de ruedas.
Vista la situación del país y el fracaso de determinadas políticas y medidas, que no han hecho más que llevar al colapso a millones de españoles que antes se podían permitir pisar un supermercado o hacer 4 comidas al día, se me estaba ocurriendo que a los políticos se les debería exigir experimentar en sus propias carnes las consecuencias de sus decretos, ser algo así como un conejillo de indias de sus propios recortes. De esta forma entenderían de primera mano lo que significa sufrir porque tienes un familiar dependiente al que han eliminado prácticamente todas las ayudas, porque te pasas horas delante de un ordenador rastreando Infojobs, Infoempleo y todos los demás buscadores de trabajo y te sientes más impotente que aquellos aventureros que se iban al Oeste en busca de oro, porque eres un pensionista al que han dejado tiritando y a cargo de varios hijos sin empleo o porque eres uno de esos millones de niños -hijos de padres que antes eran clase media- que apenas hacen una comida al día o dependen de Cáritas para poder tener libros y algo de ropa. Es muy fácil pedir a los demás sacrificios cuando uno vive en su búrbuja, esa en la que un hijo con una deficiencia tiene los mejores cuidados, hay dinero para colegios y sanidad privada y lo que sobra se emplea para abrir una cuenta en Suiza o pasar la Semana Santa esquiando en Baqueira.
Propongo que cada ministro o diputado que lleve una iniciativa al Congreso que pase por la eliminación de algo derecho (de los demás, por supuesto, porque a ellos la reforma laboral, los desahucios o la ampliación de la edad de jubilación para que nadie tenga una pensión digna no les afecta) protagonice una especie de 21 días. Ruiz Gallardón se pasaría 3 semanas metido en la piel de un padre mileurista que tiene que cuidar de un hijo con una deficiencia grave y al que han eliminado ayudas de la Ley de Dependencia, Fátima Báñez experimentaría la frustración y sufrimiento de una familia en la que todos sus miembros están en paro y a la que ha llegado la carta de embargo, Montoro se metería en la piel de un pequeño empresario que empleó todos sus ahorros en levantar una tienda de barrio y ahora ve como la subida del IVA y el hundimiento consecuente del consumo le abocan al cierre y a Mariano Rajoy le convertiría en un joven licenciado con un master y dos idiomas al que han destrozado todos sus sueños y que está pensando en largarse fuera en busca de un futuro que aquí se antoja una utopía. Son sólo algunos de los ejemplos que se me ocurren, porque tendría estopa que repartir para todos, con independencia de siglas o ideologías.
Mientras ese día llega (lo que veo tan fáctible como que todos los Urdangarines, Julián Múñoz, Juan Antonio Roca y compañía que hay en este país devuelvan lo robado o que los angelitos de ETA pidan perdón e indemnicen a sus víctimas) yo voy a seguir buscando la lámpara de Aladino, a ver si se me aparece el genio y me concede un deseo -no pido 3 porque me parece egoísta-. Tengo claro cuál pediría, pero me lo quedo para mí no vaya a ser que Hacienda me acuse de evasión de deseos o algo por el estilo.
Después de esto habrá quien piense que me falta un tornillo. En ese caso me defenderé diciendo que si hubiera perdido la chaveta tal vez ya habría adquirido un muñeco de hacer vudú o alguna barbaridad por el estilo. En lugar de eso me ha dado por analizar lo que pasa a mi alrededor y evitar de esta forma que se me atrofie el cerebro y empiece a ver gigantes donde realmente hay molinos de viento.

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