La figura de los abuelos -merecidamente- está siendo reivindicada en los últimos años. En los colegios, al menos en el de mi peque, hay un Día de los Abuelos, una celebración que sirve para agradecerles el papel tan importante que juegan en la vida de sus nietos (y sus hijos). Sin embargo, pocos saben que hay un Día Nacional de los Tíos y Tías, aunque algunos no solo están muy presentes en la vida de sus sobrinos, sino que, por diversas circunstancias, tienen que hacerse cargo de ellos.
Hace años, en una conversación que ya no recuerdo de qué versaba, alguien me dijo "mi sobrino es sagrado, por el mato si hace falta". Yo en aquel momento rondaría los veintipocos, época en la que si tener hijos no entraba en mis planes, que mi hermana cinco años menor me hiciera tía me sonaba a chino mandarino, por lo que aquella frase me pareció una completa exageración. Sin embargo, muchos años después, cuando yo ya era madre y entendía perfectamente porque Angelina Jolie declaró tras adoptar a su primer hijo que "la maternidad la había convertido en más peligrosa, porque ahora era una fiera defendiendo a su cachorro", mi hermana nos anunció que esperaba un bebé. Fue una noticia feliz, no exenta de algún sustillo, pero reconozco que hasta que la tripa no creció bastante me costó asumir que en breve me convertiría en tía de un nene que tiene algo de mi sangre. Porque como tía política ya me estrené hace tiempo, pero la distancia me impide disfrutar demasiado de esos dos adorables pequeñajos a los que deseo lo mejor.
Ahora, pasados dos añitos del nacimiento, me identifico con lo que me dijo aquel tío sobre su sobrino. Para mí no es que ese chiquitín con nombre de príncipe de Troya, mofletes regordetes y voz dulce con la que me llama "titaaaaa" sea sagrado, es que desde que lo vi por primera vez a las 3 horas de nacer, tan pequeño que me daba cosa cogerle, me dí cuenta de que me había robado irremediablemente el corazón. Y a medida que ha ido creciendo, haciéndose cada vez más rubio y pareciéndose cada día más a su madre, yo he empezado a experimentar algo parecido a lo que me provoca la maternidad: un sentimiento de felicidad difícil de explicar, un casi constante agradecimiento por tener a mi niña y a mi sobrino en mi vida y, a la vez, la conciencia de que ya nunca más me abandonará el miedo. Que vaya donde vaya y haga lo que haga, me pasaré el resto de mi vida preocupada porque nadie les haga daño, porque no sufran ningún enfermedad grave, porque las decepciones y sufrimientos sean lo más llevaderos posible... Circunstancias que, desgraciadamente, yo no puedo controlar, pero no por ello dejan a veces de quitarme el sueño.
Reconozco que en mi papel de "tita" aún estoy muy verde -aunque yo intentaré hacerlo siempre lo mejor posible-, y que difícilmente podré alcanzar en excelencia a mi hermana, que lleva siete años ejerciendo con absoluta maestría su función de "súper amiga", consejera, mentora...de su sobrina. Tan bien se llevan, que a veces le digo a mi madre medio en broma "mamá, yo aquí no pinto nada", a lo que ella, con su habitual lucidez, responde: "tú eres su madre, y donde esté una madre..." Y lo que viene a decirme con esas palabras es que cada uno tiene su lugar, y que la flexibilidad o "manga ancha" que puedes tener como tía o abuela, igual no la puedes tener como madre, a no ser que quieras criar niños caprichosos y consentidos incapaces de entender que en la vida hay límites y responsabilidades.
Volviendo al, en ocasiones, minusvalorado papel de tí@s, me acuerdo de lo que un día me dijo mi mejor amiga hablando de esa querida sobrina a la que su hermana no le permite ver. Con una mezcla entre resignación y dolor me comentó que, a efectos legales, un tío no puede reclamar su derecho a visitas (algo que sí pueden hacer los abuelos), pero que luego son los primeros familiares con los que se ponen en contacto los servicios sociales cuando se da un caso de niño en desamparo. Se da la paradoja de que, a veces, los tíos tienen que hacerse cargo (casi por la fuerza) de un sobrino mientras los padres no lo quieren o no pueden responsabilizarse de ese crío, para descubrir después que no tienen ningún derecho sobre ese pequeño el día que sus padres sí están (aunque solo sea en apariencia) en disposición de quedárselo.
Pero centrándome en cuestiones más prosaicas y cercanas a mi vida, espero que mi adorado sobrino continúe siempre rodeado de tanto amor, y que cuando crezca pueda leer estas líneas y entender que su madrina le considera un segundo hijo, su prima lo adora como si fuera un hermano y que en mi casa siempre tendrá un hogar. Y que gracias a él yo desde hace un par de años ejerzo con absoluto orgullo un nuevo y fascinante papel: ¡¡¡"la tita Lidia"!!!!
Pero centrándome en cuestiones más prosaicas y cercanas a mi vida, espero que mi adorado sobrino continúe siempre rodeado de tanto amor, y que cuando crezca pueda leer estas líneas y entender que su madrina le considera un segundo hijo, su prima lo adora como si fuera un hermano y que en mi casa siempre tendrá un hogar. Y que gracias a él yo desde hace un par de años ejerzo con absoluto orgullo un nuevo y fascinante papel: ¡¡¡"la tita Lidia"!!!!


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