jueves, 16 de mayo de 2019

EL TABÚ DE LA LOCURA

Resultado de imagen de toc toc
Fotograma de Toc toc
El fin de semana me topé en televisión con la película española "Toc toc", con Paco León y Rossy de Palma, y recordé que hace años vi la versión teatral y me reí a carcajadas con las desventuras de unos personajes que, mientras esperan en la consulta de un psiquiatra, van explicando cuál es su trastorno obsesivo consultivo (su toc) y cómo afecta a su vida. Lo que no me hace nada de gracia es ver la poca importancia que en este país se le presta a la salud mental, cuando disponemos (al menos por ahora) de un sistema sanitario envidiado en todo el mundo. Debe ser que, por desgracia, aún no hemos entendido que cuerpo y mente van unidos, y que muchas de las enfermedades en las que el Estado gasta millones de euros se podrían atajar mejor si los médicos tuvieran más recursos para evaluar cuál es la salud mental del paciente; si se prestara más atención a que igual detrás de una obesidad, una adicción al tabaco que deriva en cáncer, un infarto u otra dolencia hay una persona que sufre una depresión o un trastorno mental y no sabe cómo afrontarlo.

Resultado de imagen de trastorno obsesivo compulsivoIgual que actualmente el tema del cáncer ha dejado de ser tabú (a lo que han contribuido las campañas de la AECC y el testimonio de famosos que lo han padecido), en torno a las enfermedades mentales sigue existiendo un gran desconocimiento y muchos prejuicios. Y no hablo únicamente de personas que padecen trastorno bipolar o esquizofrenia, me refiero a que se necesita mucho valor para hablar abiertamente de la depresión o de las visitas a un psiquiatra, y de ahí que en España haya un abuso
terrorífico de tranquilizantes y antidepresivos sin control de ningún profesional. La gente prefiere consumir todo tipo de píldoras antes de plantearse "ir al loquero", sin ser consciente del daño que hacen a su salud física y mental. Cierto es que la atención psiquiátrica en la sanidad pública no es que esté para echar cohetes, por lo que muchas personas son conscientes de que si quieren acceder a un psiquiatra (o a un psicólogo, aunque son dos profesionales distintos) de forma rápida van a tener que recurrir a uno privado (con el coste que eso conlleva).

La verdad es que no deja de parecerme curioso que, en una sociedad en la que cada día surge un síndrome nuevo (que si el postvacacional, el del nido vacío o ese que provoca no tener likes en las redes sociales) y basta con que cualquier niño se salga un poco de la norma para que en el colegio le diagnostiquen una hiperactividad o un trastorno por déficit de atención, los recursos dedicados a la salud mental sean tan escasos. ¿Cuántas familias se ven con las manos atadas cuando uno de sus miembros -diagnosticado de alguna enfermedad mental y mayor de edad- se niega a tomar la medicación correspondiente y lo único que pueden hacer es recurrir a la justicia? ¿Cuántos padres conviven a diario en casa con adolescentes con problemas graves, a la espera de plaza en algún centro especializado? ¿Nos parecería igual de normal si se tratara de un niño enfermo de cáncer y a los padres les dijeran que no hay camas en el hospital y que se busquen la vida? Yo creo que no.

Resultado de imagen de locuraVolviendo a los prejuicios, es cierto que las enfermedades mentales provocan controversia y, en cierta medida, generan un miedo en la mayor parte de nosotros que puede ser comprensible. Me vienen a la memoria dos casos que en su momento llenaron titulares y hablan sobre lo difícil que es en la práctica la "reinserción social" de personas que padecen trastornos mentales. En 2017 Noelia de Mingo, la enfermera que en 2003 mató a 3 personas e hirió de gravedad a otras 5 en la Fundación Jiménez Díaz mientras sufría un brote psicótico, salió del centro psiquiátrico penitenciario para cumplir el resto de condena bajo supervisión familiar. No hace falta ser adivino para entender que los familiares de las víctimas y el Defensor del Paciente pusieron el grito en el cielo y recurrieron esa decisión. 

Si yo hubiera sido uno de ellos (y más después de que se descubriera que el hospital conocía la situación médica de De Mingo y, aún así, le permitieron trabajar en el turno de noche), pondría todos los recursos habidos y por haber y me sentiría engañada por la justicia. Pero como me gusta reflexionar y, a veces, ejercer de abogado del diablo me pregunto si, al igual que como consecuencia de ese artículo de la Constitución que habla de la reinserción asistimos cada cierto tiempo a la puesta en libertad de violadores múltiples o asesinos reincidentes (con la consiguiente e inútil protesta social ante informes que aseguran que no están reinsertados), lo lógico es que se otorguen los mismos beneficios a personas que cometieron algún crimen como consecuencia de un brote psicótico o una esquizofrenia. ¿Por qué un etarra sanguinario y no arrepentido puede salir de la cárcel y pasearse tan tranquilo delante de los hijos de sus víctimas y Noelia de Mingo no puede hacer lo mismo, si ella no era consciente de lo que hacía? Dejo la pregunta para que cada uno le dé la respuesta que considere más oportuna...

Resultado de imagen de locuraY siguiendo con otro asunto también polémico, en 1999 llenó titulares el caso de "el niño de El Royo", un menor que había sido acogido por un matrimonio de ese pueblo soriano y al que un juez (en una decisión que ni entendí con 20 ni entiendo a mis 40 años) ordenó devolver a su madre biológica, una mujer con graves trastornos mentales que era incapaz de asumir su cuidado. Parece que en este caso, y visto que hace unos días leí que el crío había pasado casi toda su vida en un centro de acogida, la decisión judicial pasó por alto que, a veces, la mejor familia para un niño no es la que lleva su sangre, sino la que le proporciona un entorno de amor y estabilidad física y mental. Y lanzo otra pregunta que tampoco tiene una respuesta fácil: ¿debería el Estado impedir que personas con graves enfermedades mentales tuvieran hijos? Y, en caso de tenerlos, ¿deberían ser ellos los que los cuiden?

En definitiva, como decía Norman Bates en el final de "Psicosis" (película que me sigue poniendo los pelos de punta): "todos alguna vez nos volvemos locos". No sé si es cierto, ojalá no lo fuera, pero en  el caso de que la salud mental empiece a flaquearnos, sería deseable que se prestara tanta atención a nuestra dolencia como pasa si sufrimos un ictus o un infarto. Porque como bien afirmaba el autor romano Juvenal "mens sana in corpore sano"
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Incluyo algo de vocabulario a dos lenguas sobre el tema:

  • Resultado de imagen de quotes about madness
  • Obsessive-compulsive disorder / Disturbo ossessivo-compulsivo: Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)
  • Mental health / Salute mentale: salud mental
  • Psychiatric or psychsocial rehabilitation / Reabilitazione psichiatrica: rehabilitación psiquiátrica


No hay comentarios:

Publicar un comentario