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| Escena de Charlie y la fábrica de chocolate |
Hace unos días volví a toparme con "Charlie y la fábrica de chocolate", protagonizada por Johnny Depp. Hay una escena en la que Charlie (un niño pobre de necesidad) anuncia a su familia que va a vender el billete dorado que le da derecho a visitar la fábrica, ya que le dan a cambio 500 dólares. En ese momento su abuelo le dice que de eso nada, que en el mundo hay mucho dinero y cada día se fabrica más, pero solo hay 5 billetes dorados y él tiene uno. Viene a decir que el vil metal está muy bien, pero que hay experiencias que a veces están por encima de él.
Recordando la ilusión que les hacía tanto a Charlie como a su abuelo visitar la misteriosa fábrica de chocolate de Willy Wonka, me han venido a la memoria momentos en los que me sentí tan contenta que lo que menos eche de menos era tener la Visa a mano. La mayoría van ligados a viajes, quizás porque yo siempre he sido más de experiencias que de posesiones (aunque si alguna vez puedo no voy a renunciar al chalet o a tener un vestidor cual influencer), y soy feliz añadiendo postales a mi colección y haciendo miles de fotos que luego convertiré en uno de esas maravillosas fotorevistas. Igual en mi visión "romántica" de la vida influye que no estoy acostumbrada a los grandes lujos, por eso su ausencia no es una cuestión que me eche para atrás a la hora de disfrutar. No me amarga no alojarme en hoteles 5 estrellas o no poder alquilar un yate para recorrer la costa mallorquina, como tampoco me preocupa acumular 20 Levi's (tengo uno que adoro no por ser Levi's, sino porque lo adquirí en un inolvidable viaje a Nueva York) o cambiar a diario de bolso de marca.
Este verano volví a Roma después de varios años sin visitarla. Fue un viaje muy bonito, de esos que a mí me encantan: varios días pateando una ciudad con el mapa en la mano (aunque esta me la sé casi de memoria), con la cámara siempre preparada y mi espíritu listo para sufrir "el síndrome de Sthendal", esa sensación de felicidad absoluta que te embarga cuando ves un sitio precioso. Lo experimenté la primera vez que estuve en la ciudad eterna haciendo el Interrail con dos amigas. De dinero andábamos justas, pero se me saltaron las lágrimas de la emoción cuando vi el Coliseo. Y lo mismo me pasó en Florencia al contemplar el Duomo y el Ponte Vecchio. Tampoco olvidaré nunca aquellos viajes "low cost" con mi amiga Leti cuando eramos Erasmus: ese sándwich en plena Piazza San Marco de Venecia, después de horas recorriendo las callejuelas de la ciudad, o aquellas risas en Pompeya o Ercolano, cuando se le ocurrió decir que aquello parecía "el Marina D´or de los romanos". La emoción de contemplar la Estatua de la Libertad desde el ferry gratuito que lleva a Staten Island, las agujetas que me dejó montar en tandem por Central Park o aquel muñeco de nieve que hice con mi familia en un parque de Berlín (el primer muñeco que hacía en mi vida), están en el top de mis recuerdos.![]() |
| Atardecer en Positano |
En definitiva, tiene que ser estupendo poder alojarte en los resorts más lujosos del mundo, comer en restaurantes con estrellas Michelin o que te inviten al "front row" de la Semana de la Moda de París, pero la belleza de un sitio no reside en la cuenta corriente de quien lo contempla, está más bien en los ojos y el espíritu de cada uno, en si estar allí en ese momento te hace feliz, en el valor que das a los que te acompañan, a las risas que te echas o a las discusiones porque uno quiere ver no sé que monumento y el otro prefiere tomarse una cerveza. Depende del valor que cada cual otorgue a las cosas que no tienen precio...para todo lo demás siempre quedará Mastercard.
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Incluyo algo de vocabulario a dos lenguas:
- Wanderlust: pasión por viajar
- Wealth / Ricchezza, prosperitá: riqueza
- Traveller / Viaggiatore: viajero
- “It’s good to have money and the things that money can buy, but it’s good, too, to check up once in a while and make sure that you haven’t lost the things that money can’t buy.” - George Lorimer / "Es bueno tener dinero y las cosas que el dinero puede comprar, pero es también bueno analizarse alguna vez y estar seguro de que no has perdido aquellas cosas que el dinero no puede comprar.


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