lunes, 22 de abril de 2019

COSAS QUE NO TIENEN PRECIO

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Escena de Charlie y la fábrica de chocolate
Hace unos días volví a toparme con "Charlie y la fábrica de chocolate", protagonizada por Johnny Depp. Hay una escena en la que Charlie (un niño pobre de necesidad) anuncia a su familia que va a vender el billete dorado que le da derecho a visitar la fábrica, ya que le dan a cambio 500 dólares. En ese momento su abuelo le dice que de eso nada, que en el mundo hay mucho dinero y cada día se fabrica más, pero solo hay 5 billetes dorados y él tiene uno. Viene a decir que el vil metal está muy bien, pero  que hay experiencias que a veces están por encima de él. 

Resultado de imagen de tarjeta de creditoHace varios años se hizo popular un anuncio que rezaba "hay cosas que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás, Mastercard" y, al recordarlo, me ha dado por pensar en si el dinero da o no la felicidad. Realmente nunca he tenido tanto como para saberlo, eso habría que preguntárselo a los que encabezan la lista Forbes, pero tampoco soy tan ingenua como para ignorar que si no tienes para comer, para poder pagar un techo o comprar un medicamento que necesitas, eso de la felicidad suena a chino. Considero que el dinero al final se parece ligeramente a la belleza. A nadie le amarga ser muy guap@ o tener un montón de pasta en el banco; facilita la vida (al menos en la parte más mundana y superficial), pero el bienestar interior o la tan ansiada "felicidad" dependen más de cómo se lo monte cada uno y de las cosas a las que dé más o menos importancia. Supongo que si el fin de tu vida es ser como el tío Gilito o el millonario Jean Paul Getty (que colocó una cabina telefónica en su casa para que sus invitados no llamaran a su costa), entonces acumular te hace feliz; si, por el contrario, el dinero es un medio para acercarte a tus sueños o vivir más tranquilo, entonces no lo conviertes en el centro de tu existencia.


Resultado de imagen de postales de viajesRecordando la ilusión que les hacía tanto a Charlie como a su abuelo visitar la misteriosa fábrica de chocolate de Willy Wonka, me han venido a la memoria momentos en los que me sentí tan contenta que lo que menos eche de menos era tener la Visa a mano. La mayoría van ligados a viajes, quizás porque yo siempre he sido más de experiencias que de posesiones (aunque si alguna vez puedo no voy a renunciar al chalet o a tener un vestidor cual influencer), y soy feliz añadiendo postales a mi colección y haciendo miles de fotos que luego convertiré en uno de esas maravillosas fotorevistas. Igual en mi visión "romántica" de la vida influye que no estoy acostumbrada a los grandes lujos, por eso su ausencia no es una cuestión que me eche para atrás a la hora de disfrutar. No me amarga no alojarme en hoteles 5 estrellas o no poder alquilar un yate para recorrer la costa mallorquina, como tampoco me preocupa acumular 20 Levi's (tengo uno que adoro no por ser Levi's, sino porque lo adquirí en un inolvidable viaje a Nueva York) o cambiar a diario de bolso de marca.

La imagen puede contener: una o varias personas, cielo y exteriorEste verano volví a Roma después de varios años sin visitarla. Fue un viaje muy bonito, de esos que a mí me encantan: varios días pateando una ciudad con el mapa en la mano (aunque esta me la sé casi de memoria), con la cámara siempre preparada y mi espíritu listo para sufrir "el síndrome de Sthendal", esa sensación de felicidad absoluta que te embarga cuando ves un sitio precioso. Lo experimenté la primera vez que estuve en la ciudad eterna haciendo el Interrail con dos amigas. De dinero andábamos justas, pero se me saltaron las lágrimas de la emoción cuando vi el Coliseo. Y lo mismo me pasó en Florencia al contemplar el Duomo y el Ponte Vecchio. Tampoco olvidaré nunca aquellos viajes "low cost" con mi amiga Leti cuando eramos Erasmus: ese sándwich en plena Piazza San Marco de Venecia, después de horas recorriendo las callejuelas de la ciudad, o aquellas risas en Pompeya o Ercolano, cuando se le ocurrió decir que aquello parecía "el Marina D´or de los romanos". La emoción de contemplar la Estatua de la Libertad desde el ferry gratuito que lleva a Staten Island, las agujetas que me dejó montar en tandem por Central Park o aquel muñeco de nieve que hice con mi familia en un parque de Berlín (el primer muñeco que hacía en mi vida), están en el top de mis recuerdos.

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Atardecer en Positano
Es cierto que la Visa o la Mastercard ayudan a hacer planes, pero en mi opinión lo fundamental para ser un "disfrutón" de la vida es vivirlo todo como si fueras Charlie y te hubiera tocado un billete dorado para visitar la fábrica de chocolate; como si ese viaje, esa visita al museo, esa comida familiar o la experiencia que sea fueran un regalo. Una vez un guía turístico me comentó que daba gusto explicar las cosas a gente como yo, que escuchaba con tanta atención. Hasta ese momento no había sido consciente de que me debían de brillar los ojos de la emoción (cierto es que iba a conocer Chichén Itza), y recordé que en 1º de BUP una profesora me dijo algo parecido, que se notaba que me gustaba aprender porque me brillaban los ojos en clase.

En definitiva, tiene que ser estupendo poder alojarte en los resorts más lujosos del mundo, comer en restaurantes con estrellas Michelin o que te inviten al "front row" de la Semana de la Moda de París, pero la belleza de un sitio no reside en la cuenta corriente de quien lo contempla, está más bien en los ojos y el espíritu de cada uno, en si estar allí en ese momento te hace feliz, en el valor que das a los que te acompañan, a las risas que te echas o a las discusiones porque uno quiere ver no sé que monumento y el otro prefiere tomarse una cerveza. Depende del valor que cada cual otorgue a las cosas que no tienen precio...para todo lo demás siempre quedará Mastercard.

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Incluyo algo de vocabulario a dos lenguas:

  • Wanderlust: pasión por viajar
  • Wealth / Ricchezza, prosperitá: riqueza
  • Traveller / Viaggiatore: viajero
  • “It’s good to have money and the things that money can buy, but it’s good, too, to check up once in a while and make sure that you haven’t lost the things that money can’t buy.” - George Lorimer / "Es bueno tener dinero y las cosas que el dinero puede comprar, pero es también bueno analizarse alguna vez y estar seguro de que no has perdido aquellas cosas que el dinero no puede comprar.




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