Yo fui una niña feliz. Me recuerdo de pequeña jugando en casa de mi yaya a las cocinitas, bailando los éxitos de Marisol (adoro su canción "Corazón contento") o saliendo al mercado con una toalla en la cabeza. Quería tener el pelo largo y me pareció la mejor solución, además mi yaya nunca me obligó a quitármela, supongo que me quería demasiado y le hacía gracia ser la abuela de "la cría de la toalla". Como esos guardo miles de recuerdos estupendos, y estoy convencida de que una infancia llena de amor es el mejor antídoto contra las inseguridades de la adolescencia (y yo tuve muchísimas) y los problemas a los que nos enfrentamos todos a medida que crecemos. No solo lo pienso yo, muchos psiquiatras aseguran que las heridas emocionales y los traumas en la infancia influyen en la incapacidad para socializar, para resolver problemas y en la salud física y mental una vez que somos adultos.Reconozco que fue un shock descubrir a temprana edad que no todos los niños tenían padres que los quisieran; que existían cosas como el maltrato, los abusos, la esclavitud infantil o la pobreza extrema (representada en esos niños africanos víctimas de desnutrición severa). A día de hoy me siguen doliendo esas cosas -tal vez más porque ya soy madre-, y un día pensé que si se me apareciera un genio y me concediera un solo deseo, le pediría ser una especie de "superheroína protectora de niños". Envolvería a todos los pequeños que se enfrentaran a algún peligro en una suerte de burbuja transparente e irrompible; así me aseguraría que mi niña y mis 3 sobrinitos vivieran libres de maldades que yo no puedo (para mi desgracia) controlar, y haría que quedaran convertidos en ciencia-ficción los asesinatos de niños, las situaciones cotidianas de malos tratos en casa, acoso escolar o los miles de casos de abuso sexual que la Iglesia Católica ha tapado durante décadas (y que acaba de afrontar en una Cumbre que ojalá no quede en papel mojado, aunque la Conferencia Episcopal ha asegurado que no investigará los abusos del pasado).
Si de mí dependiera, no habría más James Rodhes, el magnífico pianista que relató en "Instrumental" los abusos sexuales que sufrió desde los 6 años por parte de un profesor, o Malala Yousafzai, la joven pakistaní a la que le metieron un tiro en la cabeza por defender el derecho a la educación de las niñas. Tampoco más Mari Luz Cortés o niños que llegan a los hospitales molidos a palos. Pero la protección a la infancia no vende en las elecciones y a los políticos no parece interesarles demasiado, si no ya se habrían puesto manos a la obra para mejorar las condiciones de ese 1.300.000 menores en riesgo de pobreza extrema que se calcula hay en nuestro país, según un estudio de Save the Children al que doy credibilidad (de la precariedad laboral en España y de los miles de hogares que no han salido de la crisis ni probablemente salgan nunca tal vez hable otro día).![]() |
| Fotograma de "Cafarnaúm" |
Pero dejando de lado circunstancias que muchas veces escapan a nuestro control, como ser víctima de la guerra, el desempleo prolongado o de situaciones de pobreza crónica que se suelen heredar de generación en generación; lo que me parece absolutamente inmoral y punible (desde el punto de vista legal) es tener la capacidad de elegir si quieres o no tener críos y, aún así, decidir traer al mundo a un pequeño a sabiendas de que no lo quieres ni te vas a preocupar nunca por él; o lo vas a convertir en un saco de boxeo en el que descargar la frustración y la ira que te carcomen por dentro. Nunca he creído conveniente decirle a nadie si tiene que tener o no hijos, pero si alguien me preguntara le diría que no fuera madre/padre si no está dispuest@ a cambiar su vida, a dejar de ser el centro de su propia existencia y a darle ese papel a una tercera persona. Y no estoy hablando de convertir a un niño en un pequeño tirano ni arruinarse para comprarle lo último en ropa o tecnología, me refiero a algo más profundo como es el amor y la protección. Si no quieres dar eso y tus referentes paternos son "el sargento de hierro" y la madrastra de Blancanieves, ahórrate convertir la vida de una personita en una especie de cuento de terror.Ojalá se apruebe pronto la Ley Orgánica de protección integral de la infancia y la adolescencia frente a la violencia, por la que James Rhodes y tantos expertos y profesionales sanitarios llevan tiempo peleando. Tal vez sirviera para concienciar a los que gobiernan y a los legisladores de que proteger a niños y jóvenes no es sinónimo de dejar impunes los delitos que pudieran cometer, y más si sus víctimas son otros menores. Y ojalá, si se aprobara, no tuviéramos que escuchar a ningún cenutrio pedir su derogación (como pasa con la Ley Integral contra la violencia de género) alegando que se trata de "una ley política que criminaliza a los adultos". Yo desde luego no me daría por aludida ante semejante barbaridad, como creo que los hombres que no maltratan ni odian a las mujeres no se sienten perseguidos por una ley que lucha contra una auténtica lacra social.
En definitiva, fui una niña feliz y hoy día soy una adulta feliz. Por desgracia no tengo superpoderes y no puedo salvar a los niños de la maldad de este mundo, pero lo que sí puedo hacer (e intento siempre) es que la gente que me rodea se sienta a gusto teniéndome cerca. Se lo debo a mis padres, que me inculcaron desde pequeña aquello de "trata a los demás como te gustaría ser tratada".
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Ahora incluyo vocabulario a dos lenguas sobre el tema:
- Mistreatment (or child abuse) / Maltrattamento su minori: maltrato infantil
- Emotional wounds during childhood / Ferite emozionali dell'infanzia: heridas emocionales en la infancia
- “Survivors of abuse show us the strength of their personal spirit every time they smile.” - Jeanne McElvaney / "Los supervivientes de abusos muestran la fuerza de su espíritu cada vez que sonríen".



Ojala los políticos se dedicarán a lo que tienen que hacer....que son leyes que protejan y salvaguarde a los más débiles y desfavorecidos.... en lugar de salvaguardar sus débiles bolsillos por puro y egoísta interés
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