Según un reciente informe de la OCDE, el 15% de los hogares españoles donde alguno de sus miembros trabaja está por debajo del umbral de la pobreza, cifra que coloca a nuestro país como el segundo entre los industrializados con más pobres en edad de trabajar. A esto podríamos añadir que un 36% de los contratos fijos firmados en enero lo fueron solo por unas pocas horas o que un 29% de los que se rubricaron en febrero tuvo una duración inferior a 15 días. Cifras y datos de los que huyen los políticos en precampaña (es más rentable la demagogia y el eslogan barato), y que ponen de relieve que, a nivel laboral y salarial, nuestro país está muy lejos de los tiempos del famoso "España va bien". Parece que los también lejanos "brotes verdes" han crecido menos que la planta de perejil que tengo en mi terraza.
Llevo tiempo pensando en la precariedad laboral, quizás porque todos los días utilizo el metro y no hay trayecto en que no me tope con alguien pidiendo. La mayoría te cuenta una historia parecida, la de un ciudadano "normal" al que el desempleo prolongado ha dejado en una situación de miseria, con hijos pequeños, al borde del desahucio (si es que aún tiene un techo) y olvidado por las administraciones. Uso el término "normal" aposta, porque si algo ha conseguido una década de crisis y recortes es que la pobreza ya no se asocie únicamente a los "sin techo", ahora se ha normalizado. Ya no es tan fácil saber si tu vecino, tu primo lejano o el señor que se sienta a tu lado en el autobús llega a fin (o a mediados) de mes, si puede o no poner la calefacción o si lleva meses sin probar la ternera o el pescado. No es tan fácil porque la pobreza normalmente se esconde y porque esas personas en muchas ocasiones tienen un trabajo, y hasta hace poco tener uno era la llave para tener una vida mejor.
Hace varias semanas el programa "Carretera y manta", de Jesús Cintora, trataba sobre la precariedad y lo que denominaron "mierda jobs", contando con el testimonio de personas que la sufren. Desde "kellys" (camareras de hotel) que cobran 2,5 euros por habitación, lo que las obliga a limpiar unas 17 por día para tener una remuneración "decente", hasta falsos autónomos explotados por esas empresas de reparto de comida a las que casi todos hemos recurrido alguna vez o teleoperadores a los que controlan con un reloj en el ordenador el tiempo que pasan en el baño. Sobre esto último podría explayarme, sé lo que es trabajar en una de esas empresas en las que te conceden 5 minutos por hora para visitar el excusado o el "supervisor" se pasea detrás de las mesas para comprobar que has sido lo suficientemente persuasivo con el cliente/encuestado. Y una de las últimas modalidades de explotación laboral consiste en utilizar furgonetas de reparto que carecen de tacógrafos y obligar a los trabajadores a conducir hasta 24 horas seguidas. La verdad es que hay tantos ejemplos que se necesitaría una enciclopedia.
Habrá quien piense "¿y a mí qué, si yo tengo un buen trabajo?", pero yo sigo creyendo que no es necesario haber vivido determinadas situaciones para empatizar con los demás. Desconozco (por suerte) lo que se siente cuando tienes la nevera vacía o te calientas con una manta porque padeces pobreza energética, tampoco sé lo que se te pasa por la cabeza cuando no puedes hacer frente a la hipoteca o a las medicinas que necesita un hijo enfermo. Lo ignoro, pero lo que sí conozco es la sensación de frustración cuando tienes que buscar un trabajo y compruebas que tu titulación, tu experiencia y tus idiomas no sirven; sé lo duro que es pasar horas en Infojobs y los miles de "jobs" que hay para descubrir que la mayoría de las ofertas rozan la vergüenza: tropecientos requisitos para trabajos de media jornada con escasa remuneración (luego trabajas más horas, por supuesto sin cotizar y a precio de saldo).
Podría escribir un libro con anécdotas de mi vida laboral. Comenzaría por el día en que, tras un accidente in itinere que me tuvo con collarín una semana y mes y medio de dolorosa rehabilitación, el jefe me pidió que fuera a trabajar estando de baja. Como me negué, no me renovó el contrato. Pero igual que tengo "algo" de experiencia en trabajos basura, también sé lo que se siente cuando, después de muchísimo esfuerzo, sales de esa espiral. Algo parecido a lo que sentiría Sísifo si algún día consiguiera que la roca que empuja montaña arriba se quedara parada en la cima.
En resumen, la precariedad laboral te puede o no afectar a nivel personal, pero atajarla debería ser prioridad para todos los partidos. Porque si la gente no trabaja (o lo hace con salarios y condiciones miserables), en unos pocos años el sistema público de pensiones será insostenible, y los recortes afectarán inevitablemente a la sanidad, la educación o la dependencia. Igual al salario de sus señorías no les pasa nada, pero a la pensión de viudedad de tu madre, al precio de los medicamentos, a las tasas universitarias de tus hijos o a la gratuidad de tu operación de corazón SÍ. O se puede dar el caso de que uno de esos conductores/camioneros que hacen jornadas de 24 horas provoque un día un accidente en el que esté implicado tu vehículo...
Ojalá los que nos gobiernan (o gobernarán en breve) entendieran que muchos estamos hartos de enfrentamientos, de manipulación de datos, de declaraciones para ver quién dice la barbaridad más grande, de "fake news" y "postverdades". Queremos que trabajen para que el artículo 35 de la Constitución, ese que habla del "derecho al trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia" sea una realidad. Mientras tanto, nos tendremos que conformar con ese chiste que leí un día en una tira: "Pronto saldréis del paro y volveréis a la precariedad".
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Ahora incluyo algo de vocabulario a dos lenguas sobre el tema:
Llevo tiempo pensando en la precariedad laboral, quizás porque todos los días utilizo el metro y no hay trayecto en que no me tope con alguien pidiendo. La mayoría te cuenta una historia parecida, la de un ciudadano "normal" al que el desempleo prolongado ha dejado en una situación de miseria, con hijos pequeños, al borde del desahucio (si es que aún tiene un techo) y olvidado por las administraciones. Uso el término "normal" aposta, porque si algo ha conseguido una década de crisis y recortes es que la pobreza ya no se asocie únicamente a los "sin techo", ahora se ha normalizado. Ya no es tan fácil saber si tu vecino, tu primo lejano o el señor que se sienta a tu lado en el autobús llega a fin (o a mediados) de mes, si puede o no poner la calefacción o si lleva meses sin probar la ternera o el pescado. No es tan fácil porque la pobreza normalmente se esconde y porque esas personas en muchas ocasiones tienen un trabajo, y hasta hace poco tener uno era la llave para tener una vida mejor.Hace varias semanas el programa "Carretera y manta", de Jesús Cintora, trataba sobre la precariedad y lo que denominaron "mierda jobs", contando con el testimonio de personas que la sufren. Desde "kellys" (camareras de hotel) que cobran 2,5 euros por habitación, lo que las obliga a limpiar unas 17 por día para tener una remuneración "decente", hasta falsos autónomos explotados por esas empresas de reparto de comida a las que casi todos hemos recurrido alguna vez o teleoperadores a los que controlan con un reloj en el ordenador el tiempo que pasan en el baño. Sobre esto último podría explayarme, sé lo que es trabajar en una de esas empresas en las que te conceden 5 minutos por hora para visitar el excusado o el "supervisor" se pasea detrás de las mesas para comprobar que has sido lo suficientemente persuasivo con el cliente/encuestado. Y una de las últimas modalidades de explotación laboral consiste en utilizar furgonetas de reparto que carecen de tacógrafos y obligar a los trabajadores a conducir hasta 24 horas seguidas. La verdad es que hay tantos ejemplos que se necesitaría una enciclopedia.
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| Chiste de Forges sobre el trabajo basura |
Podría escribir un libro con anécdotas de mi vida laboral. Comenzaría por el día en que, tras un accidente in itinere que me tuvo con collarín una semana y mes y medio de dolorosa rehabilitación, el jefe me pidió que fuera a trabajar estando de baja. Como me negué, no me renovó el contrato. Pero igual que tengo "algo" de experiencia en trabajos basura, también sé lo que se siente cuando, después de muchísimo esfuerzo, sales de esa espiral. Algo parecido a lo que sentiría Sísifo si algún día consiguiera que la roca que empuja montaña arriba se quedara parada en la cima.
En resumen, la precariedad laboral te puede o no afectar a nivel personal, pero atajarla debería ser prioridad para todos los partidos. Porque si la gente no trabaja (o lo hace con salarios y condiciones miserables), en unos pocos años el sistema público de pensiones será insostenible, y los recortes afectarán inevitablemente a la sanidad, la educación o la dependencia. Igual al salario de sus señorías no les pasa nada, pero a la pensión de viudedad de tu madre, al precio de los medicamentos, a las tasas universitarias de tus hijos o a la gratuidad de tu operación de corazón SÍ. O se puede dar el caso de que uno de esos conductores/camioneros que hacen jornadas de 24 horas provoque un día un accidente en el que esté implicado tu vehículo...Ojalá los que nos gobiernan (o gobernarán en breve) entendieran que muchos estamos hartos de enfrentamientos, de manipulación de datos, de declaraciones para ver quién dice la barbaridad más grande, de "fake news" y "postverdades". Queremos que trabajen para que el artículo 35 de la Constitución, ese que habla del "derecho al trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia" sea una realidad. Mientras tanto, nos tendremos que conformar con ese chiste que leí un día en una tira: "Pronto saldréis del paro y volveréis a la precariedad".
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Ahora incluyo algo de vocabulario a dos lenguas sobre el tema:

- Job insecurity / Lavoro precario: trabajo precario
- Unemployment rate /Tasso di disoccupazione: tasa de desempleo
- Drain brain / Fuga di cervelli: fuga de cerebros
- Long-term unemployment / Disoccupazione di lunga durata, lungo periodo: desempleo de larga duración
- Minimum wage / Stipendio minimo: salario mínimo

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