viernes, 22 de febrero de 2019

MADRE, BONITA...Y MEJOR CALLADITA

Acabo de leerme "La chica del tren", de Paula Hawkins. La protagonista, Rachel, explica en un momento del libro que sus problemas de alcoholismo se agravaron cuando descubrió que no podía tener hijos. Y añade algo que me ha hecho pensar mucho: "de las mujeres la sociedad espera que sean guapas y tengan hijos. Yo no soy ni una cosa ni tengo la otra, por lo que me siento una inútil". 

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Fotograma de "Las mujeres perfectas"
Hace años habría pensado que exageraba, que las mujeres disfrutamos hoy día (al menos en los países avanzados) de unas oportunidades y de un estatus que no tenían nuestras abuelas, pero luego salgo a la calle, leo los periódicos, escucho las declaraciones de algunos políticos y veo lo que se cuece en las redes sociales... y me doy cuenta de que Rachel lleva mucha razón. En pleno siglo XXI, en democracias teóricamente maduras, con sus Constituciones y sus leyes que aseguran una igualdad (al menos sobre el papel) entre todas las personas, a las mujeres se les sigue pidiendo en demasiadas ocasiones que se "consagren" a su labor de madre y amante esposa; que no den el "coñazo" con ¡¡reivindicaciones absurdas!! como el aborto legal, la igualdad salarial, la conciliación, la lucha contra la violencia de género o la esclavitud sexual; y que no denuncien la misoginia de algunas instituciones y la impunidad con la que se pasean acosadores y violadores (no hay más que ver el caso de "La manada"). Se sigue fomentando la imagen de "mujer perfecta" (físicamente, a ser posible), que apoya incondicionalmente al marido, que permanece en un segundo plano y que jamás osa abrir la boca a menos que la pregunten (normalmente por sus trucos de belleza o su papel de madre). Mi adorada Glenn Close en "La buena esposa" sería un buen ejemplo de lo que estoy diciendo, aunque ella parece que tiene reservada una sorpresa final.

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Yo no me parezco a Rachel. No me gusta el alcohol y no tengo vicios destructivos, no sé soy guapa, mona o resultona, pero me encuentro bien en mi piel; soy madre y estoy absolutamente encantada de serlo, pero no me siento más mujer que las que no tienen hijos, simplemente yo tomé una decisión al respecto y soy consciente de que tiene sus luces y sus sombras. Tampoco me siento la costilla de nadie (más bien una naranja completa y feliz junto a otra naranja), ni espero a que me den permiso para dar mi opinión (aunque con los años me he dado cuenta de que a veces es mejor ser "rehén de tus silencios a esclavo de tus palabras"). Pero entiendo el punto de vista de Rachel.

Imagen relacionadaHe sufrido (creo que como el 90% de las mujeres que rondan los 30) la presión social relacionada con el matrimonio y la maternidad. He escuchado miles de veces el sempiterno "y vosotros no os animáis con los críos" y, una vez ya nacida la bebé, "¿y el segundo pá cuándo?". Ya ni me molesta la pregunta, me río y últimamente respondo que "se me ha pasado el arroz". La suerte en mi caso es que mi familia siempre me ha respetado y ha entendido que esto de la maternidad es cosa de dos; a un niño no lo saca adelante ni la vecina metomentodo ni el político de turno que reduce a las mujeres a "úteros con piernas". ¡Porque ahora parece que las féminas que deciden libremente sobre su vida sexual y su reproducción, aparte de merecedoras de lindezas como "malasmadres" o "feminazis", también son (somos) responsables de la quiebra del sistema de pensiones!

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Faja postparto
Siguiendo con el tema maternidad y belleza, esa obsesión social porque las mujeres seamos madres pero ni se nos ocurra aparentarlo físicamente ni mucho menos protestar porque lo de tener hijos no es siempre la panacea que te venden, tiene su reflejo más histérico en las redes sociales. Son cientos las famosas que suben fotos en bikini o medio desnudas días después de haber parido, para demostrarle al mundo que han recuperado su figura en tiempo récord, que siguen estando en el "club de las deseables". Aparte de una cuestión de ego, creo que esa práctica demuestra que seguimos viviendo en un mundo profundamente machista, en el que una presentadora/actriz/cantante se arriesga a arruinar su carrera profesional si osa superar cierto peso o demostrar que es humana y que (al igual que al resto de las mortales anónimas) también le salen estrías o se le descuelga el culete.

Y que conste que no estoy diciendo que tengamos que descuidarnos una vez que somos madres y engordar 30 kilos a base de donuts, pero entre la obsesión por ser eternamente jóvenes y bellas y la dejadez hay un punto medio muy interesante (e igual más sano desde el punto de vista físico y mental). Si alguien piensa que exagero, que eche un vistazo a los improperios que ha recibido en redes sociales Tania Llasera por mostrarse natural tras dar a luz. No es la única, y es que solo en un mundo profundamente trastornado como el actual se entiende que Jennifer Lawrence, Cristina Pedroche, Scarlett Johansonn o Jennifer López hayan sido tachadas de "gordas" en las redes. En estos casos es algo absurdo, pero ¡tiene narices! que lo que determine la valía de una mujer sea una talla. Si tienes la 38 puedes hacer películas, dirigir una gran empresa, hacer publicidad o cantar en la Super Bowl. Si se te ocurre usar la 40 o 42 (caso de la cantante Bebe Rexha o la actriz Amy Schumer), tener canas como Angela Molina o arrugas propias de tu edad (casos de Emma Thompson  o Carmen Maura), afrontarás la humillación de que ningún diseñador te quiera vestir en los Grammy o los Oscar, te veten en puestos de responsabilidad o te arrinconen y le den tu papel a una joven. Y lo más irónicamente chistoso es que mientras en una mujer envejecer o tener muslos flácidos es una especie de pecado mortal, para un hombre las canas y "la curva de la felicidad" son motivos de elogio social y le dan caché.

Resultado de imagen de multitask woman"La chica del tren" ha dado, por desgracia para nosotras, en el clavo. Las mujeres seguimos siendo víctimas de la dictadura de la belleza y la juventud; de una sociedad que nos quiere madres, pero nos discrimina laboralmente si lo somos; que determina que merecemos admiración y amor (por parte de un hombre) si nos mantenemos en un peso ideal (si no parece que tu pareja te está haciendo un favor por cargar con semejante "mojón") y no somos demasiado reivindicativas; que fomenta el ideal de "mujer multitarea" (madre, esposa, trabajadora, con vida social...), pero penaliza a las que se atreven a exigir respeto y consideración por ello. Y que sigue pensando que es incompatible el uso del rimmel con el uso del cerebro (¿cuántos siguen creyendo que no se puede ser una política seria si tienes la cara de Inés Arrimadas o Begoña Villacís o que es imposible que Sharon Stone tenga un coeficiente intelectual de superdotada?).

Igual he pecado de pesimista. Para terminar diré que, en mi caso, pienso seguir leyendo todo lo que pueda y reflexionando sobre el mundo y lo que yo puedo aportarle, no voy a flagelarme todos los días por no ser "perfecta" y, sobre todo, continuaré usando máscara de pestañas y pintándome las uñas mientras ningún estudio determine que su uso es incompatible con la salud de mis neuronas. ¡Y algo me dice que últimamente están en plena forma!

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Incluyo vocabulario a dos lenguas relacionado con el tema:


    Los primeros anuncios sexistas de la historia
  • The dictatorship of beauty / La dittatura della bellezza: la dictadura de la belleza
  • Discrimination about working mothers / Mobbing e discriminazione per maternità: Discriminación de las madres trabajadoras
  • "Whatever women do, they must do twice as well as men to be thought half as good. Luckily, this is not difficult" - Charlotte Witton / "Cualquier cosa que las mujeres hagan, lo tienen que hacer dos veces igual de bien que los hombres para ser consideradas la mitad de buenas. Afortunadamente, eso no es difícil". 












1 comentario:

  1. Ojala esto lo lean muchos hombres con ideas retrógradas y cambien el chip¡¡¡¡¡

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