Hace unos días, viendo en el Telediario algo que se había convertido en trending topic y que me provocó incredulidad, mi hermana me dijo: "¡Lidia, es que no sabes lo que se cuece en las redes sociales!". Pensé que llevaba toda la razón, pero a día de hoy me va bien tal y como estoy.

Crecí en los 80, no soy lo que denominan una nativa digital y, tal vez por eso, una publicación o un like en una red social no me condicionan la vida. A día de hoy uso Facebook, tengo una cuenta en Twitter en la que habré escrito 3 tuits en los últimos 4 años y no siento ninguna necesidad de estar en Instagram, Pinterest o de abrirme un canal en Youtube. Me entero de lo que es trending topic leyendo los periódicos en Internet y aún no he experimentado vacío existencial alguno por no estar al tanto de lo que "recomiendan" las influencers más renombradas o "suben" los youtubers con más éxito.
Obviamente me parece que las redes tienen un lado positivo. A mí me mantienen en contacto con amigos de otros países, las uso para enterarme de las últimas noticias casi en directo y, cuando lo veo oportuno, expreso mi opinión sobre temas variados. Gracias a ellas puedo escribir un blog y que, tal vez, lo lean personas que no conozco y lo recomienden.
Pero igual que veo las luces, cada día soy más consciente del reverso tenebroso, serán cosas de la edad. El fin de semana leí un artículo sobre las nuevas adicciones de los jóvenes, y una de las que más ha aumentado es, precisamente, la adicción a las redes sociales; adolescentes que son incapaces de "desconectar", que descuidan estudios, amistades, familia porque un like o la última publicación de no sé qué personaje les consume la vida. Menores enganchados al porno digital, que luego agreden a otras menores porque su concepto de amor/sexo está totalmente viciado. Y no solo eso, a mi entender las redes se parecen cada día más a un anfiteatro romano, donde una masa anónima se cree con derecho a lanzar a las fieras al más pintado. Igual que hay gente capaz de atraer a miles o millones de followers, dispuestos a seguir a pies juntillas sus consejos sobre moda, belleza o convertir su última canción en un "hit" mundial, también afrontan el riesgo de enfurecerlos y, entonces, apaga y vámonos. Se abre la veda para insultos de todo tipo (especialmente los relacionados con el físico), amenazas y hasta comentarios de dudoso gusto sobre sus hijos, normalmente menores que no tienen la culpa de nada.
Por suerte o por desgracia no soy famosa, así que no siento la necesidad de compartir con cientos de personas mis rutinas de belleza, mis restaurantes favoritos o una foto de mi hija para estar de moda y conseguir nuevos contratos. Eso no significa que nunca suba una foto a Facebook o comparta algo que me interese o me apetezca, pero no me quita el sueño que lo vean muchos o pocos. Respeto el uso que cada uno haga de sus redes sociales, y me parecen una forma fantástica de promoción personal o profesional, pero yo procuro no sobrepasar determinados límites que solita (y por coherencia personal) me he marcado.
Soy consciente de que en unos años me enfrentaré a eso de "mamá, quiero abrirme un perfil en Facebook, Instagram...porque tod@s mis amig@s lo tienen". Y como prohibírselo puede ser contraproducente, me tocará sentarme a explicarle qué son las redes, para qué sirven y cuáles son sus ventajas e inconvenientes. Y le enseñaré el uso que hago yo de ellas. Como pretendo ahorrarme aquello de "¿cómo vas a prohibirme subir fotos mías si tú llevas desde que nací mostrando mi cara o mi cuerpo?", tengo como norma no enseñarla en mi Facebook. Básicamente subo fotos en las que aparezco yo, que soy adulta y controlo el tipo de publicación que hago, no etiqueto nunca a terceras personas ni suelo decir dónde estoy. En caso de publicar algún comentario, cuido mucho qué digo y cómo lo digo, ya que se puede tener una opinión clara sobre algo sin necesidad de recurrir al exabrupto. Y no acepto solicitudes de amistad de desconocidos. Es más, tengo un buen puñado de amig@s y compañer@s de trabajo a los que no tengo como amigos virtuales. Prefiero, siempre que es posible, el placer de una buena charla cara a cara.Concluiré diciendo que, al igual que en otros aspectos de la vida (especialmente de la mía), me parece importante mantener el equilibrio. Tomar una cerveza no convierte a nadie en alcohólico, lo mismo que pasar un rato en Facebook, Youtube o Twitter no implica estar enganchado, pero sobrepasar determinados límites no conduce a nada bueno y me da mucho miedo. Como una vez escribió el Márques de Vauvenargues: "la moderación es el estado del alma que es dueña de sí misma". Y yo tengo intención de hacerle caso...
Ahora os dejo con algo de vocabulario a dos lenguas relacionado con el tema:
- Social media obsession and anxiety /Dipendenza da internet e disturbi di ansia sociale: dependencia de las redes sociales y ansiedad
- Digital natives /Nativi digitali: nativos digitales
- Parenthal control / Controllo parentale: control parental
- "What is interesting is the power and the impact of social media... So we must try to use social media in a good way" - Malala Yousafzai /Lo interesante es el poder y el impacto de las redes sociales...Así que debemos tratar de usarlas de forma correcta.
- "Social media has given us this idea that we should all have a posse of friends when in reality, if we have one or two really good friends, we are lucky". Brene Brown /Las redes sociales nos han dado la idea de que deberíamos tener cientos de amigos, cuando en realidad si tenemos uno o dos realmente buenos, somos afortunados.
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