El 24 de junio de 2016 leí los titulares con estupor: "Gana el Brexit y Reino Unido decide abandonar la UE". Un 52% de británicos se había impuesto al otro 48% y había dispuesto que lo mejor era continuar su camino solos, sin compartir el proyecto de sus "indeseables" vecinos europeos. Seguí la campaña y me pareció todo una sucesión de sinsentidos, trufada de datos que nadie sabe de dónde salían y de un sospechoso tufo racista, clasista...Pensándolo bien, esas campañas plagadas de datos falsos en materia económica, de frases rimbombantes tipo "acabaré con todos los indeseables que vienen a aprovecharse de nuestros servicios públicos", de apelaciones a lo que es un buen patriota y de racismo y sexismo están a la orden del día no solo en Reino Unido, en España últimamente sabemos mucho de eso.

Sentí mucho la decisión de los británicos y me preocupa lo que pasará a partir del 29 de marzo, porque si una salida ordenada va a tener consecuencias para España y el resto de la UE, un adiós sin acuerdo puede suponer un auténtico caos. Además, creo firmemente (aunque es ir en contra de lo que se respira últimamente en el continente) que es mejor formar parte del proyecto europeo que quedarse aislado. Como ciudadana, soy consciente de que desde Bruselas no han gestionado bien la crisis económica y han ahondado en la sensación de que hay países de primera y de segunda clase, pero sigo pensando que en el mundo hipercompetitivo y globalizado de hoy, el aislacionismo no lleva a nada bueno.
Quizás lo siento más porque guardo grandes recuerdos del verano que pasé en Londres trabajando y estudiando inglés. Han pasado dos décadas, pero me acuerdo perfectamente del impacto que me causó llegar a una ciudad tan inmensa y cosmopolita. Me sentí (salvando las distancias porque yo vivo en Madrid) como Paco Martínez Soria en "La ciudad no es para mí". También cabe recordar que en 1999 en España no había apenas inmigrantes, así que ir en el metro londinense rodeada de gente de todas las nacionalidades y razas era una novedad y me hizo sentir menos sola.
Allí me planté con una de mis mejores amigas de la época y mi inglés básico dispuesta a compaginar mis clases con el trabajo que me saliera. En la agencia nos lo habían vendido como "coser y cantar", pero lo cierto es que antes de empezar a trabajar como asistente de enfermeras en un hospital geriátrico en Hampstead pasé más de una semana pateando -literalmente- la ciudad, dejando curriculums y repitiendo aquello de "I'm looking for a job". Sentí en ocasiones cierto desprecio por ser Spanish y no dominar la lengua pero, en general, la experiencia fue positiva. Ser casi la única española entre un ejército de enfermeras inglesas e irlandesas y estar rodeada de ancianos británicos me espabiló y me ayudó a hablar en inglés. Recuerdo con especial cariño a Paula, una paciente que todos los días me preguntaba, "Hey Lidia. Where did you go yesterday?". Y yo me lanzaba a contarle mis visitas al British y al Victoria & Albert Museum, mis paseos por los Kensington Gardens o Saint James Park...y que estaba ahorrando para ver un musical. Cumplí mi sueño después de varios días doblando turno y creo que aún conservo como un tesoro la entrada para "Los Miserables".
Durante dos meses compartí bajones y risas con mi amiga (una amistad que rompí por motivos absurdos, al menos visto desde la distancia de los años), English lessons con estudiantes de medio mundo, descubrí los rincones de una ciudad que me sigue fascinando y se me abrió la mente. A veces me río pensando cómo fui capaz de salir adelante, de expresarme, si ahora hablo mucho mejor inglés, y he llegado a la conclusión de que lo hice porque estaba terriblemente motivada, era un reto, un desafío...y a mí me va la marcha. Igualmente, en ese tiempo llegué a dos certezas que me han acompañado después. La primera es que era (y sigo siendo) una persona que saber cuidar de sí misma. Obviamente prefiero estar bien acompañada, pero siempre me he visto capaz de hacer las cosas sola. Esa convicción creo que también la comparte mi madre, que respetó mi decisión de marcharme a Londres y, años después, la de quedarme otro verano en Italia a trabajar como animadora en un hotel donde no conocía a nadie.
La otra certeza es que soy una persona afortunada. Pateando Londres, viendo la pobreza en las calles o en el metro, siendo consciente de las dificultades por las que atraviesan la mayoría de los que emigran, un día le dije a mi amiga que teníamos suerte. Si nos iba mal, si no encontrábamos trabajo o nos quedábamos sin dinero, podíamos llamar a casa y coger el primer avión. Nuestros padres nos recibirían con los brazos abiertos. Ella me dio la razón.
No regresé antes de tiempo (incluso me plantearon si quería quedarme, pero no quise), pero entendí que en el mundo hay millones de personas que no tienen ningún sitio al que volver. Que han cogido sus pocas pertenencias, han comprado un billete de barco o avión y se han plantado en Londres o donde sea en busca de una vida medianamente digna. Cierto es que la inmigración tiene que ser controlada, que hay que cumplir unas normas, pero ese discurso de "todos los extranjeros son unos delincuentes", "solo vienen a robar y a vivir de las ayudas" no siempre es cierto y empeora las cosas. Solo desvía la atención de los problemas importantes (las desigualdades sociales, la falta de acceso a la vivienda, a un trabajo con condiciones dignas...) y aumenta las agresiones gratuitas al que habla una lengua distinta o tiene otra religión. A mí me parece tremendo que en Gran Bretaña se hayan incrementado los ataques a personas que hablan español en público, por ejemplo.
Una vez me sentí extranjera (europea, es cierto, pero extranjera al fin y al cabo), pero jamás se me pasó por la cabeza que mi presencia fuera perjudicial para el país que me acogía. Trabajé y pagué los impuestos requeridos; me dejé cientos de libras haciendo turismo y me comporté como lo habría hecho en mi país o en mi casa. Y como yo, hay miles de españoles que cada año emigran en busca de una oportunidad en Reino Unido o en cualquier parte del globo. Y miles de extranjeros que vienen a España a trabajar y se comportan de forma cívica. Criminalizar a una persona por el simple hecho de tener distinta lengua, religión o por ser pobre (con los ricos el racismo no existe) es dar carta blanca a partidos de dudosa vocación democrática.
Siempre guardaré un maravilloso recuerdo de my English summer, y ojalá hagan un segundo referéndum sobre el Brexit y los británicos decidan quedarse, pero no para torpedear la UE desde dentro, sino porque crean realmente que es lo mejor para todos. Yo sigo pensando que, en la mayoría de las ocasiones, "la unión hace la fuerza".
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Ahora incluyo algo de vocabulario a dos lenguas:
- Immigrants and refugees / Immigrati e profughi: Inmigrantes y refugiados
- "Of course Brexit means that something is wrong in Europe. But Brexit means also that something was wrong in Britain" - Jean-Claude Juncker (Presidente de la Comisión Europea) /"Por supuesto que el Brexit significa que hay algo equivocado en Europa. Pero el Brexit también implica que algo no iba mal en Gran Bretaña".
- "Siamo sempre lo straniero di qualcun altro. Imparare a vivere insieme é lottare contro il razzismo" - Tahar Ben Jelloun / "Siempre seremos extranjeros para alguien. Aprender a vivir juntos es luchar contra el racismo".
- Prejudice, preconception / Pregiudizi: prejuicios








