miércoles, 9 de noviembre de 2016

MY BIG APPLE













Me levanto esta mañana casi en estado de shock por la victoria de Donald Trump en las elecciones a la presidencia de EE.UU, sin entender bien qué lleva a millones de norteamericanos pobres o muy afectados por la crisis a votar por un multimillonario misógino, bocazas, sin experiencia política...y esperando que lo que está por venir no sea tan malo como parece a simple vista, porque ya se sabe que cuando EE.UU tose el resto del mundo coge un buen resfriado.


Pero esto no es un post sobre Trump, es una pequeña reflexión sobre la profunda impresión que me ha dejado el reciente viaje que acabo de realizar a Nueva York y Washington con tres cómplices maravillosos. No solo porque he cumplido uno de mis sueños de juventud, si no también porque detrás de esos billetes de avión hay mucho esfuerzo, y porque ha llegado en un momento de mi vida en el que tengo la impresión de estar embarcada en un viaje interior hacia la madurez, no la que dan las arrugas, sino la sabiduría que dejan las experiencias, los tropezones, las pequeñas victorias cotidianas, las personas que quieren caminar contigo...
 
He tenido la gran suerte de estar en sitios muy bonitos, pero cuando visitas la Big Apple te sientes muy pequeño y tienes la continua sensación de vivir en una película. En el Natural History Museum uno se siente como Ben Stiller en "Noche en el museo", en el Metropolitan imaginas a las celebridades que pasean por sus galerías durante la Gala Anual del MET, el Intrepid Museum te recuerda a Will Smith en "Soy leyenda", Wall Street va asociado a Leo DiCaprio y su "Lobo", el Empire State Building, la Estatua de la Libertad, la 5th Avenue, el Rockefeller center han aparecido miles de veces en filmes... y yo he estado allí!!

 
He disfrutado como una niña de mi paseo en tándem por Central Park, de las vistas de Manhattan desde el Brooklyn Bridge, Staten Island o Roosevelt Island, de las luces de Times Square, de las espectaculares vistas desde el Top of the Rock, de las interminables caminatas por calles llenas de banderas y tiendas de todo tipo, he presenciado en directo cómo miles de personas se disfrazan por Halloween y los niños entran a las tiendas gritando "trick or treat", me he alimentado a base de pizzas, de perritos de los típicos food-trucks, de infumable café americano, me he reído a carcajadas...y también he llorado.




Sin duda el momento más emotivo para mí ha sido la visita al World Trade Center (con las dos enormes fuentes en el lugar donde un día estuvieron las Torres Gemelas) y al Memorial y Museo del 11S. En medio de la euforia, del ritmo endiablado de una ciudad que invita al consumo desaforado, uno se encuentra rememorando uno de los acontecimientos más impactantes a nivel mundial de los últimos años. Mientras Robert de Niro ponía voz a la audioguía, pude tocar las entrañas de los edificios destruidos, contemplar el rostro de los casi 3.000 fallecidos en los atentados y emocionarme hasta las lágrimas escuchando algunas de sus historias. Es una visita en la que conviven el dolor por lo ocurrido (creo que casi todo el mundo recuerda qué estaba haciendo el 11 de septiembre de 2001) con la esperanza. Porque es cierto que no todas las naciones tienen el poderío económico ni el orgullo patriótico (sí, son tan o más patriotas de lo que el cine o la tele dan a entender) de USA, pero me resulta admirable cómo han reconstruido la zona cero en 15 años.

Y, en medio del frenesí neoyorkino, nada mejor que una escapada a otro ciudad-símbolo que ha aparecido cientos de veces en el cine: Washington. Un oasis de tranquilidad en el que pudimos realizar una visita gratuita y solo en inglés al Capitolio (con una guía absolutamente emocionada mientras contaba el significado del edificio y los fundamentos de la democracia estadounidense), contemplar el famoso obelisco y saludar a Lincoln en el mismo lugar en el que Forrest Gump protagoniza una de las escenas más bonitas en la película homónima. Y, claro, decir hasta siempre a Barack Obama y la White House.




En definitiva, una experiencia inolvidable, mágica, de esas que espero que se repita en el futuro en algún otro destino, de la que me llevo más de 1000 fotos, muchos recuerdos, la satisfacción de haberme desenvuelto en inglés (a pesar de que mucha gente habla español) y la mente un poco más abierta, porque viajar creo que es el mejor antídoto contra los prejuicios y la ignorancia. Sea Nueva York, Marrakech, Roma, Madrid, México...creo que al final todos los seres humanos aspiramos a tener una vida lo más plena posible. Y termino con una frase de Virgilio enmarcada en las paredes del Memorial del 11S "No day shall erase you from the memory of time".



 

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