miércoles, 5 de marzo de 2014

I WILL SURVIVE

Hace varias semanas me conmovió la imagen de un niño sirio de 4 años que había sido encontrado por personal de ACNUR cuando cruzaba solo el desierto para escapar de la guerra. No es únicamente una muestra más de los horrores que tiene que estar sufriendo la población de aquel país, sino una prueba de la capacidad de los seres humanos para superar pruebas terribles y aferrarse a la vida con todas sus fuerzas. Debe ser que estamos programados para la supervivencia, porque si no me costaría creer que haya gente que ha salido con vida de los campos de exterminio nazi o de los gulag soviéticos, o que haya sobrevivido varios días atrapado entre los escombros de un edificio tras un terremoto. 

Creo que todo el mundo ha exclamado alguna vez ante una desgracia ajena de importante envergadura "si a mí me pasa esto, me muero". Y sin embargo, los hechos demuestran a diario que las personas no sabemos lo fuerte que somos hasta que la vida nos enfrenta a determinadas situaciones. No sé si va impreso en nuestro código genético, es una cuestión de carácter o del apoyo que encontremos a nuestro alrededor, pero cada día me reafirmo más en que muchas veces el que más se queja es el que menos motivos tiene. A lo mejor es una percepción equivocada, pero he conocido a lo largo de mi vida a mucha gente con circunstancias personales harto complicadas que afrontaban la situación de una forma tan natural y digna (y sin que les faltara la sonrisa) que no dejaban de provocarme ganas de quitarme el sombrero. Porque no creo que sea fácil despertarse una mañana y descubrir que ya nunca más volverás a ver, o que la persona con la que habías formado un hogar te abandona con dos hijos pequeños y sin ingresos...Injusticias de distinto tipo que, sin embargo, los afectados han afrontado con valentía. O tal vez, más que valor, han entendido que no hay nada mejor para salir adelante cuando parece que estás remando contracorriente que emplear la inteligencia emocional. 

Son dos palabras que parece que se han puesto de moda en los últimos años (al igual que Resiliencia, la capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas), pero si uno lo piensa fríamente han estado ahí toda la vida, aunque nuestros padres y antepasados no supieran ponerle nombre. La inteligencia emocional es algo tan sencillo, y a la vez tan complicado, como la capacidad para adaptarse a lo que viene y no luchar inútilmente contra aquello que no podemos cambiar. Una cualidad que yo erróneamente confundía con la resignación pura y dura y que ahora asocio con la aceptación del pasado para no darle vueltas a lo que ya es inamovible y centrar esfuerzos en el aquí y ahora (que es lo único que podemos medianamente controlar), aunque éste no sea tan bonito como nos gustaría. Y pensando en la inteligencia emocional, el otro día me topé con un artículo sobre la película Philomena, basada en la historia real de Philomena Lee, una mujer irlandesa a la que hace 50 años las monjas de la Magdalena arrebataron a su hijo para vendérselo a una pareja rica norteamericana (un caso que a muchos recordará al de los niños robados en España durante décadas). El pecado de esta señora había sido convertirse en madre soltera en la católica y estricta Irlanda de los años 50. Su conmovedora historia la recogió el excorresponsal y ex asesor de Tony Blair Martin Sixsmith en el libro The Lost child of Philomena Lee. Dejando a un lado que me provoca profunda tristeza que a alguien le roben con total impunidad a su hijo, me llamó especialmente la atención algo que comentaba Sixsmith durante la presentación de su obra, "de Philomena me desarmó su inmensa humanidad. Congeniamos desde el principio y durante los cuatro años que compartimos buscando a su hijo. Y valoré mucho su inteligencia emocional para no dejarse arrastrar por la amargura o malograr su vida por lo que el mundo le había hecho". 

Charles Darwin, en su teoría de la evolución, llegó a la conclusión de que no sobrevivían necesariamente las especies más fuertes, sino áquellas que eran capaces de adaptarse a los cambios. Y si eso no fuera cierto, los antepasados de los mamíferos (que habitaban en el océano y eran los últimos de la cadena alimentaria) jamás habrían sobrevivido y se habrían convertido en los amos de la tierra firme. Ni los dinosaurios se habrían extinguido. Un día una amiga psicóloga me dijo que hay momentos en los que lo más inteligente para sobrevivir no es luchar contra la corriente, sino hacerse el muerto, dejar que esa corriente nos arrastre río abajo y, cuando las aguas se calmen, empezar a nadar para alcanzar nuestra meta. Y no deja de tener lógica, ya que si nos empeñados en nadar en contra de las circunstancias éstas acabarán dejándonos sin fuerzas y nos ahogaremos. Y otra reflexión que me pareció muy interesante fue si conviene más ser roble o ser junco. Yo, que siempre he sido luchadora y constante, pensaba hasta hace poco que no hay nada como un roble, y ahora me he dado cuenta de que lo más inteligente es seguir la estrategia del junco y adaptarse a los cambios de viento. Así no nos tumbará ni un huracán. 

En definitiva, siendo consciente de que el duelo es una cuestión personal y nadie puede meterse en la piel de otro y vivir su dolor (por muy empáticos que seamos), creo que hay historias y personas que sí pueden convertirse en referentes para otros por la forma en que han sido capaces de sobreponerse a la injusticia y la pérdida. Ese niño sirio de 4 años o Philomena Lee probablemente no fueran las personas más fuertes física o mentalmente, pero entendieron que como no podían cambiar una situación adversa (una guerra o la incomprensión social ante la maternidad fuera del matrimonio) lo único que quedaba era seguir para adelante y encontrar una razón para vivir -o sobrevivir, según los casos-. Llámese el deseo de reencontrarse con la familia, con un hijo pérdido o váyase usted a saber, pero estoy convencida de que en el fondo los malos momentos ayudan a descubrir dentro de cada uno ese motor que nos impide tirar la toalla y aferrarnos a la vida igual que Kate Winslet se aferró a un trozo de madera al final de Titanic.

Y ahora os dejo con algo de vocabulario a dos lenguas:
  • Emotional intelligence / Intelligenza emotiva - Inteligencia emocional
  • Resilience / Resilienza, Capacità di ripresa - Resiliencia
  • Willpower / Forza di volontà - Fuerza de voluntad
  • Survivor / Sopravvissuto - Superviviente
  • Adaptation and acceptance / Adattamento e acettazione - Adaptación y aceptación

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