viernes, 19 de julio de 2013

EN TODOS LADOS CUECEN HABAS

Después de casi un lustro de crisis, -no sé sabe bien si solo económica y financiera o, como muchos aseguran, sobre todo de valores-, a veces tengo la impresión de que determinados poderes y medios de comunicación nos han "vendido la moto" de que los únicos que lo están pasando fatal porque no han sabido hacer las cosas bien son europeos -poniendo el acento en los vagos, corruptos y juerguistas ciudadanos del sur del continente- y estadounidenses. El resto del mundo, en cambio, no ha dejado de crecer. Ahí están los ejemplos de China, Brasil, Rusia, Chile, Turquía...donde por lo visto deben de caer manzanas de los árboles.

Yo, que tengo la mala costumbre de cuestionarme las cosas y tratar de ir más allá de lo que me cuentan en Españoles por el Mundo (donde sospechosamente todos los que salen tienen una posición económica envidiable!!), me he puesto a pensar que si tan bien van las cosas en medio mundo a qué vienen las protestas en Brasil o Turquía. Porque que los españoles, griegos o portugueses salgan a protestar por los efectos de la crisis no debería extrañar a nadie pero ¿no es el gigante latinoamericano la sexta economía mundial y futuro organizador de Mundial y Juegos Olímpicos?, ¿no es China el espejo en el que se miran las economías europeas?, ¿no es Turquía un ejemplo de democracia islámica y ese socio estratégico al que tanto mima la UE?...

Mirando detenidamente los periódicos en las últimas semanas he llegado a la conclusión de que, de nuevo, los intereses de los grandes organismos internacionales -FMI, G8, Banco Mundial, BCE, etc- van por un lado y lo que preocupa a la gente de a pie va por un lado muy distinto. Mientras que los gobiernos y los que manejan los hilos en los mercados internacionales se frotan las manos con el descomunal crecimiento del PIB brasileño, chino o indio, y con sus teóricamente saneadas cifras macroeconómicas, los ciudadanos salen a la calle a reclamar mejoras que afecten a sus bolsillos. De nuevo la eterna lucha entre la macro y la microeconomía. A nadie debería extrañarle que en tiempos de Twitter -donde un acontecimiento es conocido casi a nivel mundial en cuestión de minutos, incluso en contextos tan complicados como Siria o Egipto-, la gente aproveche el mínimo resquicio para salir a la calle a reclamar cuestiones tan sensibles -y poco glamurosas para algunos- como el acceso a la educación para todos o una sanidad pública de calidad. El problema es que los políticos de hoy día se piensan que seguimos en los tiempos del Imperio Romano, donde aquello del "pan y circo" servía para acallar el descontento social. Ahora han sustituido las peleas de gladiadores por el fútbol o los juegos olímpicos, y se han pensado que los más desfavorecidos se iban a quedar en su casa comiendo piedras pero tan felices porque a 500 metros habían construido un nuevo estadio para albergar una final deportiva. 

No sé si ahora la gente es más lista, más imprudente o es que ha visto mucho cine estadounidense y se ha hecho una idea de lo que significa la democracia y el bienestar, pero parece claro que cada día es más difícil amordazar a la opinión pública y hacerla andar con ruedas de molino. Yo no voy a ser tan ingenua de no reconocer que en España hay un gravísimo problema político y económico -que pasa fundamentalmente por unos niveles de desempleo insostenibles-, pero tampoco me creo que fuera todos vivan como marajás. Lo que no suelen contar en prime-time ni aparece en los informes del FMI es que Brasil (que no dudo que sea una potencia en alza y un estado con muchas cosas maravillosas) es uno de los países más desiguales del mundo, que en China millones de personas trabajan como auténticos esclavos y cualquier sospecha de disidencia se paga con el encierro en alguno campo de reeducación, que en la India es mejor no nacer mujer o que la próspera Turquía ha pasado de ser un estado laico a un país en el que los islamistas cada día tienen más poder. Esas cosas son políticamente incorrectas y lo que les interesa a los que dominan el mundo son las frías cifras.

En conclusión, me gustaría que cuando me ponen como ejemplo de prosperidad a determinados países y tratan de convencerme de que la solución para salir de la crisis en Europa pasa por adoptar el sistema de trabajo de no sé que economía emergente, me hagan una panorámica completa del susodicho país. De esta forma decidiré si me quedo con lo que me ofrecen fuera o apuesto por darle una nueva oportunidad a mi querida España. Porque cada día estoy más convencida de que si en algo se parecen cada vez los países ricos y los que no lo son tanto es en que la igualdad social ha dejado de ser una prioridad para los gobiernos; mientras las clases altas viven cada vez mejor, las clases medias desaparecen poco a poco y se convierten en mano de obra barata. La pena es que mientras en Roma todos los ciudadanos podían acudir al coliseo, en la actualidad disfrutar de un partido de fútbol o una cita olímpica está al alcance de muy pocos. El resto, a conformarnos con la tele y un mendrugo de pan.

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