jueves, 30 de agosto de 2012

LEY Y JUSTICIA

Hace años empecé Derecho y recuerdo perfectamente que en la primera clase un profesor nos dijo: "No confundáis nunca derecho con justicia". Esa frase se me quedó grabada y el tiempo no ha hecho más que reiterarme que es cierta. Seguro que no soy la única que tiene la sensación de que existe un doble rasero en la Justicia, en función de los apellidos o la situación económica, o que a muchos jueces les falta un mínimo de sensibilidad y empatía con las víctimas. En estos días están de plena actualidad el Caso Urdangarín o el Caso Bolinaga y los políticos no hacen más que repetir que se cumplirán las leyes porque en España rige el estado de derecho. 

A mí me da la impresión de que el trato que se le da al yerno del Rey o a cualquier político encausado no es el mismo del que gozan los españolitos de a pie, mientras que las molestias que se está tomando el juez de vigilancia penitenciaria para decidir si excarcela por motivos "humanitarios" al sanguinario terrorista que secuestró a Ortega Lara no se las tomaría si se tratara de un preso común en estado terminal.

Me molesta que consideren que los ciudadanos somos estúpidos y no sabemos diferenciar lo justo de lo injusto. Las leyes tienen que ser proporcionadas y perseguir la reparación de las víctimas, y si no se tienen que cambiar. Ahora que la gente pide en internet la cadena perpetua para José Bretón, pienso en la de veces que los políticos se han reunido de forma interesada con los padres de algunas víctimas - Sandra Palo, Mariluz Cortés o Marta del Castillo- para prometerles una modificación de la tan denostada Ley del Menor. Pasado el tiempo esas promesas se han olvidado y las firmas recogidas por millones de ciudadanos han quedado en un cajón del Congreso. 

No se trata de volver al ojo por ojo, diente por diente, sino de asumir que algo falla en el sistema cuando un terrorista que ha matado a 20 personas sale a la calle a los 10 años después de haber disfrutado en la cárcel de tele de plasma o haber acabado la carrera de Derecho. En definitiva, no se trata de venganza sino de sentido común, algo de lo que por desgracia carece en ocasiones el sistema judicial. 

Tras mi reflexión, os dejo algo de vocabulario -a dos lenguas- sobre la Justicia y los tribunales.

  • Manslaughter / Omicidio - Homicidio
  • Murder / Assassinio - Asesinato
  • To go to prison / Andare in galera - Ir a prisión
  • Criminal / Criminale - Delincuente, criminal
  • Life imprisonment, Life sentence / Ergastolo - Cadena perpetua
  • Judge / Giudice - Juez
  • Verdict / Verdetto - Veredicto
  • To plead (innocent or guilty) / Dichiararsi (colpevole o innocente) - Declararse culpable o inocente
  • Offences, Crime / Delitto, Reato - Delito
  • Death penalty / Pena di morte - Pena de muerte

sábado, 25 de agosto de 2012

DERECHO A DECIDIR

Soy un proyecto de madre que espera ilusionada ver la cara de su primer bebé en pocas semanas. Quizás por mi estado o simplemente porque soy mujer y empatizo especialmente con los problemas a los que se enfrenta mi género, sigo con especial interés el debate sobre el aborto que ha reabierto, sin saberse muy bien con que intención, el ministro Ruiz Gallardón. Sentir una vida dentro es una sensación indescriptible, por eso respeto a quienes no están de acuerdo con la interrupción del embarazo, sin embargo no comparto sus intentos de criminalizar a las mujeres que en un momento dado de su vida han optado por no continuar con su maternidad, y mucho más cuando hablamos de violación o malformaciones graves del feto. 

Ciertos sectores ultraconservadores que se creen moralmente superiores al resto de los mortales olvidan que el aborto no es una obligación, sino una opción de las mujeres. Si se detectan problemas graves en un feto o existe riesgo para la vida de la madre, los médicos no imponen en ningún caso el aborto, sino que informan sobre las opciones y dejan que sea la mujer la que actúe en consecuencia. Igual que se respetan los deseos de una persona que decide continuar con su gestación aun sabiendo que su futuro hijo nacerá enfermo, se debe respetar e intentar comprender qué lleva a otra mujer a no seguir adelante porque considera que así ahorra a su feto una vida de sufrimiento.

Lo que parece claro es que mientras el mundo sea mundo seguirán existiendo abortos, por lo que antes de prohibir y crear un doble sistema -uno para las mujeres con recursos, que acudirán a clínicas privadas, y otro para las pobres, que u optarán por someterse a intervenciones clandestinas, con los riesgos que entrañan, o tendrán que peregrinar como si fueran criminales a Londres-, sería mucho más conveniente continuar con el actual sistema de plazos, que ofrece garantías sanitarias y jurídicas a las mujeres y las convierte en seres capaces de tomar decisiones por sí mismas. 

Durante los últimos meses he conocido a un montón de embarazadas y puedo asegurar que un 99% de ellas lo único que desean es que su hijo/a nazca sano/a, para lo que están dispuestas a hacer los sacrificios que haga falta. Eso creo que demuestra que no compartir las tesis del ministro no implica ser una especie de talibán que no aprecia la vida, sino simplemente un ser humano, con todo lo que ello significa.