sábado, 7 de octubre de 2023

LA FELIZ HISTORIA DE UN COCO Y UN MELOCOTÓN

Tenía casi 5 años y estaba a punto de empezar parvulitos cuando nació mi única hermana. Estaba acostumbrada a pasar horas inventándome juegos yo sola y, quizás por eso, tenía muchas ganas de ir al cole y tener amigos. Era ya a esa edad responsable y bastante autónoma, así que ver por primera vez a ese bebé rollizo al que mis padres pusieron de nombre Irene (a pesar de las "amenazas" de mi padre de llamarla Bienvenida o Restituta) me hizo ser consciente de que, a partir de ese momento, tendría a alguien a quien cuidar.



Aunque nosotras hemos tenido desde pequeñas nuestras diferencias, entre otras cosas porque esa cría cuyo nombre significa "Paz" en griego resultó ser de todo menos tranquila y "pacífica", el tiempo y el cariño nos acabó convirtiendo en una versión bastante bien avenida de la noche y el día, o del ying y el yang. Donde ella era (y sigue siendo) rubia y diestra, más ruidosa, más familiar, incapaz de concentrarse si hay un ruido y detallista hasta el extremo (también amante del control hasta el aburrimiento), yo era (y sigo siendo) morena y zurda, más independiente, extrovertida y risueña, capaz de concentrarme aunque el de al lado esté cantando una jota y, en apariencia, más egocéntrica y metida en mi mundo... 

Siempre he pensado que, si fuéramos fenómenos de la naturaleza, ella sería un terremoto y yo uno de esos volcanes en apariencia dormidos, pero que el día que despiertan arrasan  con lo que pillan a su paso.

 

                                                            
                                                                      💓💓

En estas 4 décadas hemos tenido peleas, nos hemos dicho lindezas y verdades que solo le consientes a alguien a quien quieres muchísimo, hemos bromeado a veces con el hecho de que si no fuéramos hermanas nos caeríamos fatal... pero si no la tuviera en mi vida la habría tenido que inventar. Porque nadie me hace reír a carcajadas como ella, porque muchas veces nos basta una mirada para entendernos, porque escucha mis preocupaciones y reflexiones varias (y yo soy muy reflexiva y muy intensa) y por mil razones que no puedo resumir en unas pocas líneas.

Y seguro que alguien, mientras lee esto, se estará preguntando por qué he escogido un título tan frutal y, aparentemente, alejado del tema del que hablo. Aquí está la respuesta.

Hace unos meses, en un curso sobre "Intercultural communication", el profesor nos resumía el carácter de los países del mundo en dos categorías: cocos y melocotones. Para entendernos (y a grandes rasgos), los latinos seríamos melocotones, sociedades donde la gente es más sociable, abierta... pero donde es muy difícil llegar al fondo porque tienen "hueso", mientras que los países del norte de Europa serían cocos: gente más "fría", pero una vez consigues penetrar en el cascarón son mucho más transparentes y acogedores. Y yo, que siempre ando con mis reflexiones varias, pensé que esas dos frutas podrían representarnos perfectamente a mi hermana y a mí.
                                                                                   


Sé que cuando lea esto pensará que estoy como una cabra, porque ella odia el coco con todas sus fuerzas, pero quienes la conocen más profundamente seguro que están de acuerdo conmigo en que, detrás de una persona de apariencia seria y callada (con su cáscara cual coco) hay un ser humano tímido, blandito, leal, ingenioso y con un corazón gigante. Y yo, cual melocotón, soy exteriormente más "blanda" de carácter, mucho más risueña, no tengo problemas para relacionarme y hablar en público (por ejemplo) nunca me ha creado especial estrés. Pero internamente tengo escondido mi "hueso", con todo lo positivo y negativo que ello implica y que hoy no voy a pararme a explicar.

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A mi coco favorito (y a mi sí que me encanta esa fruta) querría dejarle negro sobre blanco que la edad (en ese caso los 40) no es más que un número y hay que intentar llevarse lo mejor posible con ella. Que igual ya no tenemos la piel tan tersa como a los 20, que tal vez por el camino se han bajado de nuestro autobús vital personas que un día fueron importantes (y tal vez han subido otras a compartir trayecto), que desde que fuimos madres ya nunca volveremos a mirarnos igual el ombligo ni viviremos "tranquilas"... pero mientras haya vida (y con más razón si se tiene una vida relativamente buena) uno tiene que conservar siempre las ganas de dar "guerra", aunque te hayan bautizado con un nombre que significa "paz".

Y aprovecho también estas líneas para decirle que siempre que tenga dudas intente poner en práctica un truco que yo utilizo desde hace tiempo: párate e intenta mirarte con los ojos con los que te miran los que de verdad te quieren. Porque si nuestra madre o yo misma, que soy su hermana-melocotón, tenemos claro todo lo bueno que se esconde detrás de su cáscara, no debería ser ella quien boicotee a su coco interior...



En resumen, aparte de felicitarla por llevar 40 años haciendo de mi vida un lugar más pleno y divertido; por haberme descubierto que se puede querer a una mocosa que rompe tus juguetes y te dice que papa y mamá te han encontrado en un cubo de basura, y por ser la mejor tía que podría tener mi hija...le quiero lanzar una pregunta.

Si la vida te da limones, haces una limonada. Pero Irene, ¿qué harías si la vida te da cocos y melocotones?

                                    🍑🍑🍑🍑🥥🥥🥥🥥


lunes, 9 de noviembre de 2020

MI NIÑA DE LUZ

 A los 16 años, tras conocer la historia de "El laberinto del Minotauro" en clase de Mitología, me dije a mí misma que si alguna vez tenía una hija la llamaría como la heroína de aquella historia: Ariadna. Lo más gracioso de todo es que yo nunca fui una de esas jóvenes que soñaban con ser madres, pero debí contarlo en casa porque ese nombre siempre se dio por descontado para una hipotética futura nieta/sobrina.

16 años después, cuando eso que llaman instinto maternal se había despertado, descubrí en una revisión que estabas ahí y, aunque lo fundamental es que ese puntito creciera y se convirtiera en un feto sano, reconozco que el día que nos confirmaron que eras niña me sentí muy feliz. Ya podía charlar tranquilamente contigo ahí dentro llamándote Ariadna, hablarte de mí, de papá y del resto de una familia que, sin conocerte, ya te quería. Y sobra decir que si hubieras sido niño, "nuestro Alessandro", te habríamos querido igual.

Han pasado 8 años desde que te vi la cara por primera vez y sigo dando gracias todos los días porque el universo o lo que sea te trajera a mi vida, aunque igualmente soy consciente de que ya nunca dormiré tranquila, pasaré el resto de mis días preocupada porque nadie te haga daño, porque tengas una existencia lo más plácida posible, porque las caídas y las heridas que sufras a lo largo de tu "camino" no te dejen cicatrices muy profundas. Sé a ciencia cierta (aunque me cueste asumirlo) que hay muchas cosas que no puedo controlar, tal vez por eso en lo que depende de mí siempre intentaré estar a la altura de lo que considero que es una madre de verdad, y cuyo mejor ejemplo encuentro en la mía propia, tu adorada yaya.


Si tuviera que destacar lo que más me gusta de ti, dejando aparte esa madurez y ese hambre de conocimiento que no deja de sorprenderme, o esa dulzura e instinto de protección con el que cuidas a tu primo, me quedaría sin duda con la luz de tus ojos y con tu sonrisa. Alguna vez me han dicho que eres una niña "con ángel" y yo, que realmente no sé como podría definirse eso, creo que tiene que ver con esa alegría que traes de serie, y con esos ojos tan expresivos con los que miras el mundo y que abres tantísimo cuando nos estás contando una de tus historias. 

A veces me pregunto qué hacía antes de que nacieras, cuando la casa no estaba llena de tus juguetes ni me partía de risa escuchando esas canciones y bailes absurdos que te inventas. Hubo un momento en que pensé que antes de ti no había hecho nada bueno, que era una persona incompleta y con poco valor, pero tu presencia y tu influencia en mi vida me hicieron cambiar de opinión hace tiempo. Tu sonrisa, tus preguntas, tu amor y la sensación de que estás contenta con la madre que te ha tocado han sido (y siguen siendo) una motivación continua para querer ser mejor y para quererme mucho. Porque, si uno no se quiere bien a sí mismo, no puede querer a los demás como se merecen. 

Gracias por haber llenado estos años de momentos mágicos. Por las risas en Varsovia cuando con apenas 2 años te emperraste en que querías comer pizza, por la ilusión con que vives las cosas, aunque  sea algo tan simple como ir a dormir a casa de la tita con el pequeño Héctor, por los cientos de dibujos en los que nos has escrito lo mucho que nos quieres, por haber hecho que mi ciudad favorita, Roma, sea aún más bonita desde que la volví a ver contigo, por tu comportamiento durante el confinamiento...



Si pudiera te escribiría una canción, como han hecho Malú o Alejandro Sanz a sus retoños, pero no sé componer y sabes que canto fatal, así que te dedico estas pequeñas palabras, para que el día que te apetezca las leas y las puedas imprimir. De todas formas, lo que me haría más feliz es que llevaras siempre impreso en el corazón que mamá te quiere infinito (bueno, tú y yo sabemos que la forma en que te quiero es nuestro pequeño secreto) y que, aunque me encanta que digan que te pareces a mí, espero que te conviertas en la mejor versión de ti misma.  


                      ¡TANTI AUGURI NEL TUO 8 COMPLEANNO, STELLINA MIA!


domingo, 20 de septiembre de 2020

¡¡¡¡PELIGRO: ZONA CONFINADA!!!!

Mientras escribo esto aún estoy intentando recuperarme de la mezcla entre indignación, vergüenza ajena y sensación de estar asistiendo a un mal sainete que me ha dejado la rueda de prensa que el viernes ofreció el Gobierno de la CAM. Prometo ir a ello más adelante, pero ahora quería dedicar mis primeras líneas a una cifra que este curso se presenta como una pesadilla para miles de padres madrileños: 37,3º                                              

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Para los pocos que aún no intuyan de que hablo, esa es la cifra que la Comunidad de Madrid (en otras regiones es diferente) ha determinado como fiebre, y la que los colegios están tomando como referencia para no permitir que un alumno acceda a las instalaciones por posible sospecha de COVID-19. Y ya no es solo el estrés matutino de tomarle la temperatura al niño, yo misma descubrí una semana después de empezar las clases que no hay nada como la emoción de recibir un comunicado (ni llamada ni leches) del cole anunciando un positivo en la clase de tu retoño. Ahí empieza el surrealismo, el agobio de padres que no saben si tienen que hacerle la PCR a su hijo asintomático (según Ayuso se haría a todos los niños; la realidad es que nadie te llama, los Centros de Salud están saturados y sin síntomas el pediatra no la autoriza), los quebraderos de cabeza de quien no puede teletrabajar ni pasarse el curso pidiendo bajas/días sin sueldo para reciclarse en profesor en confinamiento y las consecuencias educativas y psicológicas de tener a un crío más de 6 meses sin ir a la escuela. 

Y en este contexto de incertidumbre académica (a día 20 el colegio aún no sabe si tendrá jornada intensiva o continua en octubre), donde muchos nos preguntamos dónde están los 11.000 profesores cuya contratación anunció el gobierno regional a finales de agosto (¡olé a la capacidad de previsión de Gobierno y comunidades!), hace varios días llegó el anuncio estrella de mi "admirada" Díaz Ayuso. No hablaba de reforzar la atención primaria -cuya precaria situación llevan denunciando los profesionales desde hace meses-, ni de contratar más rastreadores o médicos para los hospitales, tampoco de los profesores prometidos o de tomar medidas para mejorar la frecuencia del Metro, ya que eso implicaría gobernar y emplear el dinero de todos en reforzar lo público -y esa palabra a su gobierno le produce sarpullido-; se enredaba en una surrealista comparecencia para culpar de todo a Barajas y explicar que a una serie de áreas sanitarias -¿casualidad, abandono institucional o directamente aporofobia que el 90% de ellas estén en distritos y municipios del sur de la región?- se les reduce la movilidad, el aforo en los comercios y demás medidas que por más que analizo no consigo trasladar al día a día. 

                                                                                                       

Como seguro que hicieron casi todos los habitantes de esas zonas que una individua -representante de un partido clave para que mi presidenta favorita apruebe los presupuestos- definió como "estercoleros multiculturales", mientras escuchaba a los Consejeros fui a internet a comprobar si mi calle se encontraba en "zona confinada" o no. Para mi sorpresa, alivio o descojone descubrí que pertenezco a la "zona libre de restricciones", pero necesito un justificante para cruzar a la calle de al lado y poder llevar a mi hija al colegio. Llevo el fin de semana riéndome con mi familia porque ahora si quiero ver a mis padres o a mi hermana tenemos que colocar una silla en el límite entre sus "zonas de exclusión" y mi "zona libre de virus". Ellos no pueden ir al bar de mi calle, ni yo a la churrería con aforo del 50% de la suya (a no ser que los churros entren dentro de la fuerza mayor), pero sí podemos meternos en un vagón atestado para ir a trabajar o morirnos del asco para que nos cojan el teléfono en el centro de salud (que tanto en sus zonas como en la mía no da abasto).

Mapa de áreas confinadas de Madrid. elespañol.com
Mapa de las áreas de Madrid "confinadas". elespañol.com

Siempre he creído profundamente en la responsabilidad individual, en que tienes que respetar las normas, protegerte para proteger a los demás y no esperar a que sea un tercero quien venga a solucionarlo todo, pero lo que veo en los últimos meses por parte de nuestros políticos es tan preocupante, tan poco profesional y tan sectario que a su lado el esperpento que relató Valle Inclán en "Luces de Bohemia" se queda en comedia ligera. Yo estoy dispuesta a confinarme, a no salir de casa más que para lo imprescindible o a llevar 7 mascarillas aunque me provoquen migrañas y desmayos, y como yo creo que hay mucha gente, pero ¿sirve de algo provocar el caos entre 850.000 personas, situaciones que generan no solo malestar sino ruina económica y diferencias entre el comerciante de una calle y la de enfrente, además de sentimientos de "tú eres un apestado por vivir en un barrio obrero" y el otro es ciudadano de primera? ¿Sirve para algo todo esto si no se va a la raíz del problema, si los distintos gobiernos y partidos no se unen para combatir una pandemia que amenaza con provocar una crisis económica que ríete tú de la de 2008?                  

 

Imagen del Metro de Madrid. actualidad.es

Ni van a leer esto ni me van a hacer caso, pero como ciudadana que a día de hoy siente una profunda vergüenza (y tristeza) por no saber cómo explicarle a mi familia italiana por qué en España estamos peor que hace seis meses, y esto no tiene visos de mejorar, les pediría a los políticos -de izquierda, derecha, del gobierno central o regional- que nos ahorren sus ocurrencias, sus insultos a los inmigrantes, a la clase trabajadora y al que pasaba por allí, y que se pongan a trabajar. Y que si quieren competir por pasar a la Historia, que no sea por ser la presidenta más bocazas e inepta, el presidente "colega" de proetarras o el líder de la oposición más obtuso y con menos visión de Estado, compitan por favor por hacerlo bien, por llegar a acuerdos para dotar a los hospitales de médicos, por contratar rastreadores, por no someter a una presión brutal a unos para que abran las puertas al turismo sin PCR y luego protesten porque los aeropuertos son un coladero del virus (aunque con el número de turistas que ha llegado este verano tengo mis serias dudas sobre esto) o pónganse de acuerdo para que haya PGE y Europa empiece a enviar dinero para la reconstrucción                                    

Y si no saben hacerlo (o no quieren), entonces abandonen sus escaños y déjennos en paz. Todos sabemos que no van a tener problemas para reinventarse en el mundo laboral, o bien porque son ustedes profesores, abogados o periodistas, o bien porque tienen acceso a "puertas giratorias" vetadas para el resto de los mortales. Decídanse ya por favor, antes de llevarnos a todos a la ruina y provocar que la próxima vez que la gente salga a la calle con cacerolas (palos de golf en el extrarradio no sé si hay muchos) no sea para reclamar su derecho a ir al Club de Campo o a comprarse un vestido de Chanel, sino para plantarse delante de sus residencias oficiales a tirarles la vajilla, la olla expréss o la cubertería a la cabeza. 

P.D: En cuanto acabe estas líneas voy a ir a medirme la fiebre, no vaya a ser que salir a la terraza a tender sin mascarilla en los límites de una zona "confinada" me haya hecho enfermar. 







viernes, 7 de agosto de 2020

SELECTIVIDAD EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

Hace varias semanas motivos laborales me llevaron a estar presente en los exámenes de la EVAU, esas pruebas que para los de mi generación serán siempre conocidas como Selectividad. Como creo que a pocos se les escapará en estos tiempos de pandemia, no fueron unas pruebas celebradas en condiciones "normales", ya que en febrero casi nadie habría imaginado enfrentarse a un examen de Historia, Matemáticas o Lengua Extranjera en un aula al 33% de capacidad, con la boca y nariz tapada con una mascarilla y sin poder festejar después en el campus el final de tan temidos exámenes.



Serán cosas de la edad, pero como últimamente mi cabeza anda en plan nostálgico revisitando mi infancia y juventud, me bastó ver a esos grupos de jóvenes con sus apuntes, sus caras de "Dios, que esto pase pronto" y sus selfies en tiempos de mascarilla, para que mi imaginación retrocediera más de 20 años a ese junio en el que era yo la que se jugaba en 3 días el acceso a la Universidad. La verdad es que después de tanto tiempo no recuerdo qué me preguntaron, ni si me temblaban las manos o me dolía el estómago de los nervios, lo que no se me olvidará nunca es que en el primer examen, el de Mates, me quedé en blanco con las derivadas y no me marché antes de tiempo por vergüenza, y que después sentí tal presión por no suspender que casi rocé el 10 en el de Historia. Ahí creo que me dí cuenta de que, sea por orgullo, desesperación o vete tú a saber, en momentos malos soy capaz de defenderme. Cierto es que después de selectividad he hecho decenas de exámenes de todo tipo (test, orales, en italiano, en inglés), pero esa angustia, esa sensación de "te lo juegas todo", esa pesada carga por no querer decepcionarte a ti mismo ni a los que confían en ti solo la he sentido en su potencia máxima el día que me presenté a una oposición, pero esa es otra historia.


Volviendo a esos jóvenes que se presentaban a la EVAU después de haber estado confinados varios meses en casa y siguiendo las clases online (con las dificultades que cada uno haya afrontado), me dio por pensar si es más fácil o más difícil estudiar ahora, si esa presunta relajación de temarios y criterios para pasar al siguiente curso, o la rebaja de la nota mínima para acceder a becas y demás ayudas es real y un ejemplo de "los jóvenes son cada día más flojos", o no es más que una cortina de humo para tapar que en este país es cada vez más complicado labrarse un futuro mínimamente digno.



¿Cuánto dinero invierte cada año el Estado en formar universitarios que acabarán engrosando la plantilla de hospitales británicos o empresas en Alemania o Estados Unidos? ¿Es aceptable que desde pequeños se exija a los críos hablar inglés, saber robótica o tener habilidades sociales e inteligencia emocional si luego salen de la carrera (o del Máster) directos al desempleo o a encadenar trabajos precarios durante años? ¿De verdad alguien piensa que un país con un 40% de desempleo juvenil puede sostener a medio-largo plazo un sistema público de pensiones? Y eso por no hablar de que en muchas ocasiones se presenta  en los medios a los jóvenes como una generación de vagos y parásitos, cuando esos propios medios son los que día y noche bombardean con programas donde verdaderos descerebrados (no solo jóvenes) presumen sin pudor del pastizal que han ganado por acostarse/pelearse/reconciliarse... en el reality de turno. Difícil me parece como madre convencer a un hijo adolescente de la importancia de estudiar y prepararse, con semejantes ejemplos mires donde mires. Aún así, por mí no quedará nunca inculcar a mi peque que sin esfuerzo poco se consigue en la vida.

España lidera el abandono escolar temprano en Europa con su mejor dato |  Sociedad | EL PAÍS
Tasa de abandono escolar en la UE. elpais.com

Cierto que las cosas no se ven igual con la experiencia (o los trompazos, decepciones...), y que lo que a los 18 se concibe como una tragedia (pongamosle no conseguir la nota necesaria para estudiar lo que quieres) con el tiempo a veces se revela como una oportunidad para probar otros caminos. Aunque parezca difícil de entender a esa edad, que después de la universidad las cosas no discurran en tu vida laboral como lo habías planificado, que pases por momentos de frustración, que te indigne el nepotismo o que te produzca pánico ir a la enésima entrevista de trabajo no implica necesariamente que no vayas a realizarte nunca, ni a tener un trabajo que te guste. Al final la vida es un camino, cierto que para algunos discurre casi sin sobresaltos (por cuestiones de suerte, por tener una mente privilegiada, por la red de contactos..) y para otros se hace más abrupto y complicado, pero todas las vivencias enseñan.

En resumen, contemplando a esas decenas de estudiantes durante 4 días llegué a la conclusión de que a los 18 todo el mundo debería tener sueños, creer que se va a comer el mundo, que se convertirá en un gran inventor o en el descubridor de la vacuna contra el coronavirus. Y que es responsabilidad de todos, empezando por los que gobiernan, crear las condiciones para que los adolescentes consideren que merece la pena estudiar, esforzarse. Como país no nos podemos permitir (y se está viendo claramente en los indicadores económicos o en las "colas del hambre") que una gran mayoría de jóvenes abandonen los estudios porque hayan interiorizado que sale más rentable un trabajo sin cualificar en la construcción o la hostelería que invertir en prepararse. O que un gran porcentaje sueñe con ser el próximo fichaje de algún reality y entrar en la nómina de "experto tertuliano" de alguna cadena de televisión. 
Sech - Soñando Despierto [Audio Oficial] - YouTube

Soñar es gratis, y creo que necesario para tener una vida interior plena. Sean los grandes (y a veces quijotescos) proyectos de la juventud, o planes o motivaciones más realistas y apegadas a lo terrenal, todos deberíamos entender que los sueños no son patrimonio de una determinada edad. Mientras esos estudiantes soñaban con acabar la EBAU y poder ir (o no) a la Universidad, yo pensaba en mis propios sueños. Igual tienen más arrugas pero, como escribió el gran Calderón de la Barca: "la vida es sueño y los sueños, sueños son".