Hace unos días Risto Mejide entrevistaba en "Chester" a la actriz Itziar Castro, una de las protagonistas de "Vis a vis" y ex profesora en la última edición de "OT". Uno de los temas que más tiempo consumió fue la imagen corporal de la invitada, lejanísima del 90-60-90 que socialmente determina la "perfección" en una mujer, y los insultos que ha recibido en las redes por atreverse a desempeñar un oficio destinado (según los que insultan) solo a "tías buenas" o por lucir sin complejos su cuerpo. Castro decía que hacía tiempo que no la ofendía que la llamaran gorda, porque las palabras ofenden si dejas que te ofendan, y que lo que no le gustaba era el término "curvy".
Dejando a un lado mi experiencia personal con las tallas, aclararé que no tengo absolutamente nada en contra ni de quien entra en una 38 ni de la que usa una 48 o una 50. Igual que la gordofobia me parece un mal silencioso que se extiende como la peste en tiempos de redes sociales e influencers, con consecuencias terribles en la vida de cientos de personas (espectacular aumento de jóvenes que sufren anorexia, bulimia o depresión), opino que es igual de denunciable la persecución que sufren en Twitter o Instagram famosas de todo tipo que, por la razón que sea, no cumplen con el estereotipo de "muñeca hinchable" de 4 o 400.00 chalad@s, que aprovechan sus perfiles anónimos para vomitar su odio contra todo bicho viviente: "anoréxica, cómete un bollo", "esqueleto, que das asco"... No exagero, en las redes sociales cualquiera puede pasar en cuestión de segundos (y según el criterio del follower de turno) de ser una "ballena" a ser un peligro público por promover supuestamente la anorexia (que se lo pregunten a la cantante Aitana o a la hija de Terelu Campus, víctimas de linchamientos por su delgadez; o a Tania Llasera, insultada sin piedad por su presunta gordura).
Yo, si algo tengo claro, es que jamás me abriría una cuenta en Instagram (la red social más usada para eso que llaman "postureo") con el único fin de insultar a esta o aquella famosa porque no me gusta su peso o su look. Me considero lo suficientemente respetuosa, y valoro demasiado mi tiempo, como para emplearlo en criticar el cuerpo de otra persona. Otra cuestión son esas páginas que hacen apología de la anorexia, que se deberían cerrar sin demora porque empujan a miles de jóvenes (y a veces no tanto) a entrar en una espiral de autodestrucción física y mental que, en ocasiones, conduce a la muerte.
En resumen, creo que cada cual es libre de hacer dietas, practicar el deporte que le apetezca y perseguir el ideal físico que le plazca, pero entendiendo que, como en casi todos los aspectos de la vida, "la virtud está en el término medio". Y también considero (después de muchos años de tortura y de pelea con los espejos), que una determinada talla no te hace mejor ni peor, y que muchos creen erróneamente que ser más o menos delgado arregla agujeros vitales e inseguridades, cuando la mejor herramienta para afrontarlos se llama AUTOESTIMA.
A mí a día de hoy la 38 no me entra, pero probablemente no me preocupa demasiado porque hace unos años empecé a fortalecer mi estima personal. Es un camino duro, a veces ingrato, equivalente a quien se apunta a un gimnasio siendo un tirillas porque aspira a parecerse a "Thor" y sabe que no podrá recurrir ni a cirugías ni a pastillas mágicas. Actualmente ando a mitad de recorrido, pero ¡denme 5 años e igual mi autoestima tiene la misma firmeza que los abdominales de Elsa Pataky o que el amor propio de Itziar Castro!
Y finalizo con una frase que me ha parecido la mar de divertida: "¿Cómo tener un cuerpo perfecto para ir a la playa? 1. Asegúrate de tener un cuerpo. 2. Vete a la playa"
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Incluyo algo de vocabulario a dos lenguas sobre el tema:
Yo, si algo tengo claro, es que jamás me abriría una cuenta en Instagram (la red social más usada para eso que llaman "postureo") con el único fin de insultar a esta o aquella famosa porque no me gusta su peso o su look. Me considero lo suficientemente respetuosa, y valoro demasiado mi tiempo, como para emplearlo en criticar el cuerpo de otra persona. Otra cuestión son esas páginas que hacen apología de la anorexia, que se deberían cerrar sin demora porque empujan a miles de jóvenes (y a veces no tanto) a entrar en una espiral de autodestrucción física y mental que, en ocasiones, conduce a la muerte.En resumen, creo que cada cual es libre de hacer dietas, practicar el deporte que le apetezca y perseguir el ideal físico que le plazca, pero entendiendo que, como en casi todos los aspectos de la vida, "la virtud está en el término medio". Y también considero (después de muchos años de tortura y de pelea con los espejos), que una determinada talla no te hace mejor ni peor, y que muchos creen erróneamente que ser más o menos delgado arregla agujeros vitales e inseguridades, cuando la mejor herramienta para afrontarlos se llama AUTOESTIMA.
A mí a día de hoy la 38 no me entra, pero probablemente no me preocupa demasiado porque hace unos años empecé a fortalecer mi estima personal. Es un camino duro, a veces ingrato, equivalente a quien se apunta a un gimnasio siendo un tirillas porque aspira a parecerse a "Thor" y sabe que no podrá recurrir ni a cirugías ni a pastillas mágicas. Actualmente ando a mitad de recorrido, pero ¡denme 5 años e igual mi autoestima tiene la misma firmeza que los abdominales de Elsa Pataky o que el amor propio de Itziar Castro!Y finalizo con una frase que me ha parecido la mar de divertida: "¿Cómo tener un cuerpo perfecto para ir a la playa? 1. Asegúrate de tener un cuerpo. 2. Vete a la playa"
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Incluyo algo de vocabulario a dos lenguas sobre el tema:
- Eating disorder / Disordine alimentare: desorden alimenticio
- Self-esteem / Autostima
- Overweight and obesity / Sovrappeso ed obesità: sobrepeso y obesidad
- Historical canon of beauty / L'ideale di bellezza lungo la storia: el ideal de belleza a lo largo de la historia
- "La confianza es la prenda más bonita que una mujer puede ponerse"


















