El otro día estaba haciendo zapping y me dio por pensar que si el nivel cultural de un país se mide por la calidad de su televisión y por el de sus políticos, entonces creo que en España andamos algo escasos de conocimientos, o a lo mejor es solo una visión distorsionada de la realidad.
Como decía, me dio por poner un programa que se llama "Cazamariposas", en Telecinco, y cuando llevaba diez minutos contemplando cómo veranean determinados personajes sin oficio ni beneficio, o cómo un presunto cómite de sabios ponía a parir el estilismo de famosas de todo pelaje, dije basta y cambié de canal. Debe ser que habré madurado o me habré vuelto una escéptica, pero me importan un bledo las aventuras y desventuras de gente que no conozco de nada y que, en su mayoría, se hace popular por vender al mejor postor su intimidad. También comprendo que soy una rara avis, puesto que si muchos pensaran como yo "Sálvame" no llevaría 5 años con audiencias millonarias ni cada edición de alguno de los realities de Mediaset sería un acontecimiento que se convierte en trending topic en Twitter.
Lo más grave no es dar audiencia a un tipo de televisión que al fin y al cabo ´"no hace daño a nadie" - excepto a los miles de periodistas que no tienen trabajo porque las cadenas prefieren apostar por individuos que tienen algo (morboso) que contar-, lo peor es cuando la complicidad llega a otros terrenos, como la política, y nos encontramos con que los partidos políticos niegan cualquier responsabilidad en casos de corrupción que se han prolongado decenios. ¿Alguien se cree de verdad que en CDC desconocieran las andanzas del señor Pujol durante 23 años? ¿O que en la Junta de Andalucia o el PSOE andaluz no supieran lo que se estaba haciendo con las ayudas a la formación o los ERE?
Yo he llegado a la conclusión de que es algo parecido al masoquismo sentarse delante de la tele a ver la maravillosa casa en la playa de Fulano, las super vacaciones de Mengano o el cuerpazo que tiene esa top-model que se ha liado con el futbolista de moda, así que he descubierto el placer de no seguir determinados programas y entregarme a otros hobbies. De igual manera, he empezado a dejar de leer todas esas declaraciones en las que los políticos miran para otro lado, aunque hasta ellos mismos se dan cuenta de que tienen una paja gigante en su ojo. Lo hago por mi bien, no vaya a ser que tanta ficción y mentira me pasen factura. Y cada cual que haga lo que considere oportuno, no vayan a decir que se coarta la libertad individual y se queden sin saber el capítulo final en el culebrón televisivo del verano.