Hace unos días se hizo pública la sentencia del Prestige y tengo que reconocer que, sin haber leído en profundidad todo lo que contiene, no doy crédito a lo visto y oído. Resulta que el mayor desastre ecológico de la historia española -que afectó solo a cientos de kilómetros de costa, paralizó el sector pesquero y acabó con flora y fauna de valor incalculable- no tuvo culpables. Ni la naviera que permitió que esa chatarra se adentrara en alta mar, ni los responsables políticos que dejaron que el barco se hundiera frente a la costa coruñesa...nadie va a pagar por los destrozos multimillonarios ocasionados. Después de una década esperando a que se celebre el juicio, ahora debe ser que ese día Dios no tenía nada mejor que hacer y decidió castigar a los gallegos (y de paso al resto de españoles, que acudieron en masa a limpiar las playas) por sus pecados provocando el hundimiento de un barco cargado con millones de litros de petróleo. Por desgracia, y en mi modesta opinión, no deja de ser un ejemplo más del lamentable sistema judicial español, ese que día sí y día también emite sentencias que a muchos ciudadanos nos hacen sonrojar. Me pregunto que hubiera pasado si en vez de en España, el desastre del Prestige se hubiera producido en costas francesas, estadounidenses o australianas, por poner algún ejemplo.
Dicen que una justicia lenta no es justicia, y aquí si por algo se caracterizan los juzgados es por estar saturados. No sé a ciencia cierta si es un problema de falta de recursos, de la judicialización excesiva de la sociedad en que vivimos o de la inercia de los políticos, que en vez de pensar en el bien común se tiran los trastos a la cabeza cada vez que tienen que renovar los órganos judiciales, o tal vez de todo junto, pero lo que veo es que las cosas de palacio (de justicia) van despacio.Y reconozco que lo que más desazón me provoca no es ya que se tarde 10 años en sentar en el banquillo a Carlos Fabra, otra década en juzgar el Prestige y tropecientos años en acabar la fase de instrucción de casos como los Eres de Andalucía, Gürtel, Nóos, Malaya, Ballena Blanca, Faisán, etc.; lo que de verdad me produce vergüenza es que, después de cientos de millones gastados por parte del Estado, decenas de testigos e informes periciales y desmesuradas peticiones de cárcel e indemnizaciones por responsabilidad civil, todo quede en una sentencia absolutoria o menor a dos años de prisión y en una multa que nunca se paga. Si alguien necesita ejemplos, no hay más que recordar la reciente sentencia del caso Faisán, que no ha resuelto quién fue el chivato que avisó a ETA de que se iba a producir una operación en contra de miembros de la organización terrorista; la parte del caso Malaya de la que Isabel Pantoja ha salido sospechosamente bien parada o la mencionada sentencia del Prestige. Como las comparaciones son odiosas, pero a veces necesarias para poner cada cosa en su sitio, en Estados Unidos tardaron 8 meses en juzgar y condenar a Bernard Madoff a 150 años de prisión por la mayor estafa piramidal de la historia. De haber sido español, este caballero (que solo cometió un fraude valorado en 50.000 millones de dólares) probablemente seguiría en libertad a la espera de juicio y paseándose por las zonas más exclusivas de Madrid, Barcelona o Mallorca sin remordimiento aparente, mientras El Mundo y El País sacaban nuevas informaciones cada día sobre sus presuntas fechorías. Para resumir, sería una nueva versión de Francisco Correa, Félix Millet o Urdangarín.
Otra cosa que siempre me ha llamado mucho la atención es que, a pesar de que casi a diario se tipifica algo como delito, en este país no dimite ni el apuntador. Mientras que en Reino Unido un ministro dejó su cargo por una multa de tráfico y en Alemania otro tuvo que renunciar al puesto por haber plagiado su tesis doctoral, en nuestro país hay cientos de casos de políticos imputados por prevaricación, cohecho, falsedad documental, malversación de caudales públicos, tráfico de influencias y demás lindezas que no solo no presentan su dimisión de forma inmediata e irrevocable, sino que se aferran al puesto con total chulería a la vez que aseguran que todo se debe a una persecución política orquestada por la prensa y la oposición. Y para rematar la faena (y con igual desvergüenza), sus compañeros de partido salen en tropel a defender al susodicho y la honradez de su actuación. Luego que a nadie le extrañe cuando el CIS revela que una de las principales preocupaciones de los españoles son los políticos y la corrupción, eso sin contar con que cada vez es mayor la percepción general de que los que gestionan lo público son una manada de desalmados únicamente preocupados por llenarse los bolsillos. En mi opinión, en todo lo relacionado con la política se debería seguir a pies juntillas aquello que expresó Plutarco en tiempos de los Romanos, "La mujer del Cesar no solo debe ser honrada, sino parecerlo". Porque sinceramente creo que bastante quemada está ya buena parte de la ciudadanía con medidas que, casualmente o no, siempre afectan a las clases menos pudientes, como para que encima muchos políticos (y de paso grandes banqueros y empresarios) vengan a recochinearse del sufrimiento ajeno con declaraciones que a veces rayan la más absoluta insensibilidad y van cargadas de prejuicios y mala baba.
Lo que parece claro es que si jueces, fiscales y políticos quieren recuperar el crédito perdido deberán empezar por poner algo de sentido común en decisiones que atañen no solo a la credibilidad de nuestro país, sino también al bolsillo de todos los ciudadanos, porque cada uno de esos macroprocesos judiciales que se prolongan durante años y acaban en agua de borrajas cuestan miles de euros que estarían mejor invertidos en sanidad, educación, infraestructuras o ayuda a emprendedores, por poner algún ejemplo.
Y ahora os dejo con algo de vocabulario judicial a dos lenguas:
Otra cosa que siempre me ha llamado mucho la atención es que, a pesar de que casi a diario se tipifica algo como delito, en este país no dimite ni el apuntador. Mientras que en Reino Unido un ministro dejó su cargo por una multa de tráfico y en Alemania otro tuvo que renunciar al puesto por haber plagiado su tesis doctoral, en nuestro país hay cientos de casos de políticos imputados por prevaricación, cohecho, falsedad documental, malversación de caudales públicos, tráfico de influencias y demás lindezas que no solo no presentan su dimisión de forma inmediata e irrevocable, sino que se aferran al puesto con total chulería a la vez que aseguran que todo se debe a una persecución política orquestada por la prensa y la oposición. Y para rematar la faena (y con igual desvergüenza), sus compañeros de partido salen en tropel a defender al susodicho y la honradez de su actuación. Luego que a nadie le extrañe cuando el CIS revela que una de las principales preocupaciones de los españoles son los políticos y la corrupción, eso sin contar con que cada vez es mayor la percepción general de que los que gestionan lo público son una manada de desalmados únicamente preocupados por llenarse los bolsillos. En mi opinión, en todo lo relacionado con la política se debería seguir a pies juntillas aquello que expresó Plutarco en tiempos de los Romanos, "La mujer del Cesar no solo debe ser honrada, sino parecerlo". Porque sinceramente creo que bastante quemada está ya buena parte de la ciudadanía con medidas que, casualmente o no, siempre afectan a las clases menos pudientes, como para que encima muchos políticos (y de paso grandes banqueros y empresarios) vengan a recochinearse del sufrimiento ajeno con declaraciones que a veces rayan la más absoluta insensibilidad y van cargadas de prejuicios y mala baba.
Lo que parece claro es que si jueces, fiscales y políticos quieren recuperar el crédito perdido deberán empezar por poner algo de sentido común en decisiones que atañen no solo a la credibilidad de nuestro país, sino también al bolsillo de todos los ciudadanos, porque cada uno de esos macroprocesos judiciales que se prolongan durante años y acaban en agua de borrajas cuestan miles de euros que estarían mejor invertidos en sanidad, educación, infraestructuras o ayuda a emprendedores, por poner algún ejemplo.
Y ahora os dejo con algo de vocabulario judicial a dos lenguas:
- Crime / Reato, delitto - Delito
- Jail sentence / Sentenza di carcere - Pena de prisión
- To be on probation / Liberazione condizionale - Libertad condicional
- Caution / Cauzione - Fianza
- Fraud / Frode, truffa - Fraude, estafa
- To be charged with doing (sth) / Essere accusato di - Ser acusado, imputado por
- Indemnify, Compensate / Indennizare - Indemnizar
