lunes, 9 de noviembre de 2020

MI NIÑA DE LUZ

 A los 16 años, tras conocer la historia de "El laberinto del Minotauro" en clase de Mitología, me dije a mí misma que si alguna vez tenía una hija la llamaría como la heroína de aquella historia: Ariadna. Lo más gracioso de todo es que yo nunca fui una de esas jóvenes que soñaban con ser madres, pero debí contarlo en casa porque ese nombre siempre se dio por descontado para una hipotética futura nieta/sobrina.

16 años después, cuando eso que llaman instinto maternal se había despertado, descubrí en una revisión que estabas ahí y, aunque lo fundamental es que ese puntito creciera y se convirtiera en un feto sano, reconozco que el día que nos confirmaron que eras niña me sentí muy feliz. Ya podía charlar tranquilamente contigo ahí dentro llamándote Ariadna, hablarte de mí, de papá y del resto de una familia que, sin conocerte, ya te quería. Y sobra decir que si hubieras sido niño, "nuestro Alessandro", te habríamos querido igual.

Han pasado 8 años desde que te vi la cara por primera vez y sigo dando gracias todos los días porque el universo o lo que sea te trajera a mi vida, aunque igualmente soy consciente de que ya nunca dormiré tranquila, pasaré el resto de mis días preocupada porque nadie te haga daño, porque tengas una existencia lo más plácida posible, porque las caídas y las heridas que sufras a lo largo de tu "camino" no te dejen cicatrices muy profundas. Sé a ciencia cierta (aunque me cueste asumirlo) que hay muchas cosas que no puedo controlar, tal vez por eso en lo que depende de mí siempre intentaré estar a la altura de lo que considero que es una madre de verdad, y cuyo mejor ejemplo encuentro en la mía propia, tu adorada yaya.


Si tuviera que destacar lo que más me gusta de ti, dejando aparte esa madurez y ese hambre de conocimiento que no deja de sorprenderme, o esa dulzura e instinto de protección con el que cuidas a tu primo, me quedaría sin duda con la luz de tus ojos y con tu sonrisa. Alguna vez me han dicho que eres una niña "con ángel" y yo, que realmente no sé como podría definirse eso, creo que tiene que ver con esa alegría que traes de serie, y con esos ojos tan expresivos con los que miras el mundo y que abres tantísimo cuando nos estás contando una de tus historias. 

A veces me pregunto qué hacía antes de que nacieras, cuando la casa no estaba llena de tus juguetes ni me partía de risa escuchando esas canciones y bailes absurdos que te inventas. Hubo un momento en que pensé que antes de ti no había hecho nada bueno, que era una persona incompleta y con poco valor, pero tu presencia y tu influencia en mi vida me hicieron cambiar de opinión hace tiempo. Tu sonrisa, tus preguntas, tu amor y la sensación de que estás contenta con la madre que te ha tocado han sido (y siguen siendo) una motivación continua para querer ser mejor y para quererme mucho. Porque, si uno no se quiere bien a sí mismo, no puede querer a los demás como se merecen. 

Gracias por haber llenado estos años de momentos mágicos. Por las risas en Varsovia cuando con apenas 2 años te emperraste en que querías comer pizza, por la ilusión con que vives las cosas, aunque  sea algo tan simple como ir a dormir a casa de la tita con el pequeño Héctor, por los cientos de dibujos en los que nos has escrito lo mucho que nos quieres, por haber hecho que mi ciudad favorita, Roma, sea aún más bonita desde que la volví a ver contigo, por tu comportamiento durante el confinamiento...



Si pudiera te escribiría una canción, como han hecho Malú o Alejandro Sanz a sus retoños, pero no sé componer y sabes que canto fatal, así que te dedico estas pequeñas palabras, para que el día que te apetezca las leas y las puedas imprimir. De todas formas, lo que me haría más feliz es que llevaras siempre impreso en el corazón que mamá te quiere infinito (bueno, tú y yo sabemos que la forma en que te quiero es nuestro pequeño secreto) y que, aunque me encanta que digan que te pareces a mí, espero que te conviertas en la mejor versión de ti misma.  


                      ¡TANTI AUGURI NEL TUO 8 COMPLEANNO, STELLINA MIA!